martes, 24 de septiembre de 2013

Él se va
Y yo me tiro a sufrir, despacito.
Me enjugo las lágrimas con mis sábanas invernales, despacito
Me desplomo sobre la inmensa e inmaculada cama
Muy despacio. Los fantasmitas de la pieza me carcomen, y hacen una imitación burlesca de mi derrota con muecas exageradas y rictus de espanto. Y me dicen que les encanto, y tiene razón. Una multitud de depredadores recuerdos del pasado me atozigan, cuando un puñado de almas femeninas se amontona en un extremo de la oscuridad.
Una de las mujeres, la más joven de ellas, portadora de largos y suaves motas de cabello negras, me toma por los hombros y me conduce hasta el antiguo espejo enmarcado en plata. El reflejo de su maternal mirada me mantiene pensativa por un momento, como si el mundo en el que quisiera habitar residiese en aquellas pupilas inertes, como si el cuerpo de la muerta me develara algo, como si todo eso que no me sale y quiero expresar despareciera y me pudiese transportar en medio de aquella poco usual disposición de los hechos.
La dama desaparece y Sol se queda abandonada allí, con los hombros caídos y la boca muda, dibujando una silueta absurda y casi cómica. Y yo quiero que alguien me cuide, que vuelva la fantsma y yo le pueda decir mamá.
Deseperación, hermanos.
A falta de un buen motivo para subsistir
Desesperación, mis hermanos.
Eso es lo que no nos permite vivir ni morir

viernes, 30 de agosto de 2013

La depresión es una malsana tristeza, una manera tóxica e inenarrable, una forma de tormento, un trance de malestar supremos, un desvalido estupor, una vejación en forma de insomnio, una forma de repudio derivado del auto-aborrecimiento distintivo señero de la depresión, un lobrego y tenebroso talante del color del verdín, el cataclismo inmediato que conmueve a mi ser, esa voz de viejo… voz de la depresión, mi asedio, la espiral descendente, la inmensa y dolorida soledad, una tormenta de tinieblas, una gris llovizna de horror, la muerte que sopla sobre mí en frías ráfagas, la desolación, el horror; una niebla compacta y venenosa, el desvanecimiento de cualquier sentimiento de esperanza y toda idea de futuro, esa desesperación que apabulla el alma, una situación de herida ambulante que vive pegado a su lecho de clavos donde quiera que vaya. 
Styron, escritor que la sufrió en carne propia.

domingo, 18 de agosto de 2013




I was once sad and lonely,
Having nobody to comfort me,
So I wore a mask that always smiled;
To hide my feelings behind a lie.

Before long, I had many friends;
With my mask, I was one of them.
But deep inside, I still felt empty,
Like I was missing a part of me.

Nobody could hear my cries at night
For I designed my mask to hide the lies.
Nobody could see the pain I was feeling
For I designed my mask to be laughing.

Behind all the smiles were the tears
And behind all the comfort were the fears.
Everything you think you see,
Wasn't everything there was to me.

Day by day,
I was slowly dying.
I couldn't go on,
There was something missing..

Until now I'm still searching
For the thing that'll stop my crying.
For someone who'll erase my fears,
For the person who'll wipe my tears.

But till then I'll keep on smiling.
Hiding behind this mask I'm wearing.
Hoping one day I can smile,
Till then, I'll be here.. waiting.

sábado, 10 de agosto de 2013

Caí

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Era domingo 67 de octubre de 3125
Noche de tragos, cigarros y música fuerte.
Vos estabas en todas partes.
Caí.
Comencé entonces a girar frenética e inconteniblemente. Todo daba vueltas y el lugar entero se poblaba de engendros. La música era ahora una distorsionada marcha fúnebre, y se oía más fuerte que nunca. La totalidad de los salvajes adolescentes que poblaban aquel complejo de recreación nocturno mutaron en deformes criaturas que me acechaban e intentaban hacerme daño. Repugnantes animales en celo realizaban exóticos bailes previos al apareamiento, acto que realizaban públicamente y sin pudor alguno. Ahora eran grotescas figuras, desesperadas por alimentarse, buscando presas a las cuales deborar: percibí la diversión que les causaba aquella especie de circo, entretenimiento barato de observarme desvanecer en mi miseria hecha de mugre y alcohol. Entonces el suelo se partió.
La tierra se abría y me quería comer, una tajo en el suelo del que salían despedidos miles de recuerdos. Los jóvenes, más emocionados que nunca, se alborotaban ansiosos por el banquete final. 
__¡Sol! ¡Sol! ¡¿Me escuchás?!__Me sentía sujetar__ ¡Sol, por el amor de Dios!
En el centro de la pista, saboreaban mis huesos con la intensidad de aquellos que han de padecer las mayores ¿Y qué mejor que una carne tierna como ya para solventar sus hambrunas? Impacientes, se abalanzaron sobre mí y la matanza comenzó.
__¿Qué tomó? ¿¡Qué le diste!?
Contemplé entonces a aquellas desorbitantes mandíbulas tragarme; a esos gastados estómagos abrirse. A esas manos que sin verguenza tomaban lo que podían de mi unidad corporal.


Hello, Is there anybody in there?
Just nod if you can hear me.
Is there anyone at home?
__No sé que le pasa. Se bajó medio vaso solamente, boluda.
Me puse de pie.
Comprendí que sólo era una fantasía, nada de caníbales por aquella noche. Todo lo que tocaba era húmedo, y apenas era capaz de identificar las nubes rosa de aquel oscuro cielo carente de estrellas. Una fina llovizna me mojaba la espalda y los cabellos. No tenía idea de quién era ni qué propósito tenía mi presencia en aquel incipiente lugar. Me limité a permanecer observándome e intentando dilucidar alguna coherencia, por más mínima que fuese, en medio de aquella poco casual locura. Mi tarea se dificultaba cada vez más; nunca me había sentido tan inestable, me tambaleaba continuamente y todo olía a vómito. Mi visión se distorsionó una vez más y los monstruos reaparecieron.
Me sentí un gusano.
__Soy fea.
__Una piba tan linda como vos amiga, ¿Cortala querés?
Miré hacia el frente. Me hablaba un  muchacho de unos veinte años de edad, tal vez un poco más. Llevaba una camisa (creo, negra) y unos jeans notablemente rotosos. Portando un extraño aire de formalidad, un aura de seriedad se desplegaba a su alrededor y me resultaba casi repugnante. Contemplando sus rizos, sus labios ligeramente entumecidos y a juzgar por su prominente cabellera rubia y ojos color mar lo creí una alucinación de mi deplorable estado. Como tal, no le brindé demasiada importancia.
__Pero soy fea.


Fuera hacía frío.
Dentro hervía.
Y entonces, casi desgarrándome, me tomó de la cadera y apretándome los huesos me comprimió contra su pecho. Condujo todo el peso de mi muerta estructura corporal hasta el colchón dentro del precario sucucho sobre el que nos revolcábamos. Medias corridas. Aliento a ebriedad. Siendo una sola masa homogénea, un tinte rojo sobre las sábanas, tal vez producto de la sangría, tal vez de aquel rouge carmín que jamás me atreví a usar, tal vez producto de los desgarros y mordidas que vorazmente le deposité en el cuello. Susurros, susurros que iban y venían, susurros aterciopelados que marcaban un contraste y un "Hola mi amor" que estremecía cada centímetro de mi constitución corporal. Retazos, retazos de The Carpenters que iban y venían, éxtasis carnal que nos embebía a ambos.
Haciendo caso omiso al azote que mi cabeza había recibido al colisionar con la pared, la noche nos encontraba en lo más pulcro de nuestro estado animal, develando el más recóndito y básico principio de la naturaleza. Nos remontamos al comienzo de los tiempos, yo era Eva y él Adán, él pellizcaba la manzana y yo gritaba, la serpiente bramaba quejidos de dolor, él se tentaba mientras incitaba a la pasión, yo escupía fuego y le exigía más, las puertas del paraíso eran abiertas.
Fuera hacía frío y dentro hervía  porque dos figuras se devoraban, deleitandose con el ardor de acallar sus impulsos, hartos de reprimir el deseo, ansiosos de recorrerse una y otra vez. Fuera hacía frío y dentro hervía pues no sabían con certeza si aquello era amor, pero de cualquier forma no les interesaba demasiado.

martes, 18 de junio de 2013


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22:33
Mirá, te soy sincera. Realmente nosé si esto va a ser para siempre, odio prometer en vano, sólo se que hoy, 27 de abril te amo en todas tus formas y sentidos. Que estar con vos es lo más especial que existe en mi vida. Que todos mis talentos son para vos. Que sos lo único que puede borrar las malas, horrorosas experiencias que tuve y de las cuales sólo los muertos que toman café saben. Y por último, y claro, lo más importante, me encantaría que esto durara eternamente

martes, 23 de abril de 2013

Tragicomedia matutina

Desnudémonos con la palabra, mi amor.
No a través de esa vana oralidad compartida entre recreo y recreo, que bien sabemos constituye un obstáculo para la expresión de nuestro sentir más profundo. Un espacio físco en el cual, entre miles de ojos acusadores y curiosas miradas, no es bien concebido acariciarte. No me permiten rozar tus labios.
Desarrollando una especie de clandestina intimidad, miradas cargadas de frondosa pasión son ya un hábito y el roze de nuestros dedos una moneda corriente. Ay, si supieras.
Si fuera yo capaz de hacerte saber dé qué trata todo aquel remolino que inunda mi mente cada vez que mis extremidades inferiores (más veloces y ansiosas que nunca) titilian sigiliosamente sobre aquellas escaleras, con los puños fuertemente cerrados y una incontenible felicidad que reboza de mi pecho. Cada vez que corres el velo separatorio que distancian ambos hemisferios, polos pertenecientes a nuestras clases, con un casual beso en mi mejilla y una sonrisa.

Desnudémonos con la palabra, mi amor.
Porque quiero que me vistas de esa dulzura que emana tu misterioso y mágico sonreír. Porque quiero que esas comisuras logren alcanzar tal apertura de placer al deslizarte en mis brazos, porque yo también quiero ser parte de esa magia que constituye formar parte de tu mundo.

Desnudémonos con la palabra, mi amor.
Despójame de pretextos por los que pueda surgir mi negativa, porque quiero que inundes mi prosa y toda mi literatura con lo más típico de tu escencia.

Desnudémonos con la palabra, mi amor.
Como lo hiciste hoy, tan sútil y dulcemente como te conocía, en medio de caricias y suaves rozes de mi piel. Erizando cada recóndito de mi cuello, justo como en aquella ocasión en la que tus labios paralizaron cada uno de mis sentidos al cometer la osadía de posarse sobre las más morbosas marcas de mi cuerpo.


Como lo hiciste una vez, te lo pido nuevamente
Desnudémonos con la palabra, mi amor.

martes, 16 de abril de 2013

Hay un pequeño punto negro en el sol hoy...


Él era callado, risueño y amistoso. Típicamente apuesto, con un mirar inusual y un lijero paso que denotaba cierta distracción entre cada una de sus pisadas. De carácter pacífico y semblante bajo, que te sonriera una vez bastaba para que se convirtiera en un gesto rutinal y tiernamente delicado.
Ella, rumoreada ser la fantasía de muchos. Controversial, irreverente, fría, cínica y sombría. Tan atípica y transgresora. Una figura pálida, desgarbada y ligeramente encorvada. Tan tenebrosa que, durante aquellos días en los que salía por un paseo fuera de su cueva, (donde, según cuentan, se sambullía en prolongadas lecturas de las más cínicas autorías) desfilaba por los pasillos ante los ojos de quienes la consideraban un fenómeno.
Él era delicado, cuidadoso e invisible ante su mundo. Una bondadosa y humilde fachada lo habían hecho ganar la confianza de (casi) todos, así como el agrado popular de sus pares. Extremadamente culto y de carácter servil, vivía la cotidianeidad con una quietud admirable.
Ella sabía que podía hundirlo. Ella no quería convertirse en su infierno.
Aquel día, como una causalidad de aquellas que no poseen explicación en esta vida. Aquel día, como un minúsculo descansar de sus atareadas y densas mañanas. En el salón, sus cabezas voltearon al mismo tiempo y dirección.
Se miran. Se sonríen. Bajan la vista. La levantan. Se celan. Se odian. Se quieren. Se buscan. Se persiguen. Se encontraron.
Ambos son una pequeña pieza misteriosa en la vida del otro.
Siguen el juego. Lo cortan. Lo transforman. Lo giran. Lo dan vueltas.
Se fusionan en una misma secuencia.
Son sigiliosos, no quieren ser descubiertos. Quieren decir algo, pero no saben qué. Para su desgracia, la hora de partir llega y los despoja de pretextos para dirigirse una mínima palabra.
Las estrofas de un recado resuenan en los confines más profundos de cada una de sus mentes
He estado parado aquí antes, en el centro de la tormenta.
Es mi alma la que está allá arriba, siempre la misma cosa
Igual que ayer.
Es mi alma la que está allá arriba.

__Hola Sol, ¿Cómo andás?




domingo, 14 de abril de 2013

Hoy, día de rasguños, de reposo y una compresión en el pecho que mata.
Nada de llantos, nada de matices oscuros.
Hoy, me robaron mi tesoro.

martes, 5 de marzo de 2013

Hermosa


Cuando tuve fiebre blanca
Noche fría y devastadora.
En los albores de una esplendorosa fiesta de la alta alcurnia santafesina, más precisamente la compuesta por adolescentes, el grupo social con el que habituaba tener contacto me causaba espasmos y repugnancia.
__¡Un brindis! ¡Un largo y solemne brindis mis amigos, por la estupidez y los capitales que compartimos! ¡Señor Dios, en ti confiamos! -Al menos así recuerdo haberlo oído-
Unas horas después, la ruidosa música resonaba a más no poder. La luz de los reflectores iluminaba mis pálidas facciones que ahora se contraían y eran de espanto. Los tímpanos se me consumían al ingresar a través de ellos vulgares melodías, el piso comenzaba a vibrar (sensación que detesto), y las hembras en celo se preparaban para ser capturadas por el admirable cortejo de un caballero, dueño de robarles su corazón y virginidad. Lo admitiré, es cierto que trataba de encajar. Pero por más que me esforzaba constantemente, no lograba soportar un minuto más en medio de aquel ambiente.
El resonar en mi cabeza era intolerable y poseía la pequeña sospecha de que mis negros cabellos me trataban de ahorcar. Agotada ya mi capacidad de resistencia, salí despedida de aquel ambiente, afligida, aturdida y con un intenso dolor de pies.
Y entonces oí un piano. La más fina composición musical penetraba mi cabeza y me conducía al desquicio la noche en la que vi al hombre de negro.
Miro a mi alrededor. Contemplando mis proximidades, visualizo entre los aburridos rezagados de la fiesta a un viejo conocido ubicado confortablemente en un sillón. Descubro a su lado a un joven mirando fijamente el suelo sin razón aparente, quizás tratando de identificar las fallas de la cerámica.
__¡Nena!__Me gritó mi amigo desde el otro extremo del salón.__¡Gozá!
Me acerqué hacia donde se encontraban, y tomé asiento en la butaca más cercana.
__¿Qué fue lo que dijiste? __Pregunté, intrigada.
__¡Gozá, es tan diferente al dolor...
La presencia a su lado, igual de grotesca, no se movía. No parecía encontrarse triste, ni furioso, ni haber bebido de más. Estando a una distancia prudente, posé mis ojos sobre él. Con las manos sobre el mentón, sus largos y ondulados cabellos ocultaban su rostro, impidiendo que consiga divisar su identidad. Llevaba una camisa negra, un pantalón y unas desgarbadas zapatillas, ambas del mismo color. A su pálida piel la coronaba una serie de extraños amuletos, entre los que recuerdo un gótico collar y un curioso anillo.
__Hay que gozar, linda. ¿Qué es eso? ¿Qué es eso a lo que me reducí? Si te detestás, no importa. Si servís a Dios, tampoco. ¡Qué tiempos, qué tiempos de locos nena! El amor es difícil y extraño en estos tiempos. Nos enamoramos, las llevamos a la cama, nos divertimos y lloramos. Bailamos con destreza, lanzamos joviales gritos, nos perforamos el hígado y la conciencia. Rompemos corazones, afirmamos ser felices y no dejamos espacio para nada. Pero por dentro el alma sangra ¡Y cómo! Por eso mismo, ¡Gozá!
Me ofreció un cigarrillo, y ante mi negativa, finalizó su discurso.
__Disfrutá, disfrutá de todo__Me decía mi ebrio amigo, abrazando ahora a quien tal vez era su novia, deborándola una y otra vez.
El piano acrecentaba su sonar, marcando con furia cada nota, pulsando con notoria furia las teclas. Mi caída era próxima a suceder, mientras que 
Pero para mi sorpresa o no, no era la única repugnada aquella velada. Y provocándome un sobresalto, el misterioso que hasta el momento fijaba la vista en las precarias baldosas dio vuelta su mirada. Poso sus ojos sobre mí y me sonrió.
__Hola__Dije.
__Hola__Dijo el extraño.

Cuando la noche fue un nuevo respirar
__¿Qué te pasa? __Preguntó portando una sorpresiva expresión, digna de un niño pequeño. Aquella figura de increíble fortaleza y negrura se esfumó al esbozar el rostro de un gatito decepcionado, casi al borde del llanto.
__Me siento mal. __Confesé sin titubear, sin saber con certeza por qué le abría el pecho y lo dejaba verme por completo.
__¿Por qué? __Continuó, sin abandonar su posición inicial, la cual me traía ciertas añoranzas de Le Penseur.
__No me siento parte de ellos. No soy como ellos.
__En la vida existen dos clases de personas. Aquellas que tienen talentos, y aquellas que no. Estos últimos suelen ser los más molestos, pues viven endulzados por el éxtasis de poseer un rasgo con el que ninguno de nosotros contamos; son felices. Así es la gente normal. Se regozijan, viven flotando en la magia de ser humanos. A lo largo de sus cortas vidas, llevan una existencia tranquila y promedio, con las dificultades promedio de cualquiera de nuestra especie. Pero nosotros, los que nacimos definidos por un don, no podemos vivir así.
¿Nosotros?¿Quién era?¿Qué es lo que sabía de mí?¿Que escondía el interlocutor de aquellas deslumbrantes palabras, oculto detrás de todo ese cabello? Cabello de seda. Era la primera vez que presenciaba a alguien hablar tan seguro y calmo a la vez, como si se tratara de un sabio anciano reducido al tamaño de un adolescente.
__Fuimos conferidos por dones. Imagino que conocés a Beethoven.
Asentí.
__Beethoven es lo más grande de la música. Beethoven es un monstruo, un fenómeno inexplicable con el que incluso los virtuosos modernos no han podido lidiar. Beethoven se cagó de hambre toda su vida. A Beethoven lo cagaron tanto a palos que quedó sordo, y aún así, siguió componiendo las mejor piezas de la historia. Beethoven tenía un talento nato. Y ahora vos, decime si conocés a alguien que pueda tener un don y ser feliz a la vez. ¡No existe tal cosa! Tal vez me ceras egocéntrico, no me importa; yo me creo talentoso en la música. Siento como si hubiera nacido para tal cosa. No somos gente corriente. Y vos, según me dijeron, escribís fantásticamente. Ahí está. Es el precio que tenemos que pagar. Si además de poder vivir con un talento, pudieramos pasarla bien, sería muy injusto ¿No lo creés?
¿Estaba cansada?¿Estaba consternada, o mareada por un par de copas que había ingerido un par de horas atrás? ¿Sería esto real? ¿Sería una broma del destino?
Asentí nuevamente, y me toqué la frente. Todo latía. Nada estaba bien.
Aquel día abandoné ese salón de fiestas asustada, impactada, atónita, deslumbrada. El tiempo pasó.
Y yo seguía asustada.
Seguí charlando de forma ocasional con la personalidad tan peculiar que describí anteriormente. Eventualmente y cada vez que teníamos la suerte de cruzarnos, nos distanciábamos del resto de los comensales y charlábamos. Tocábamos temas existenciales. Yo poseía tantas dudas, y él, tantos deseos de contestarlas.Yo tenía tantas penas dentro, y tanta impotencia y furia al reprimidas.Yo tanto disfrutaba de hablar con él,y tenía la extraña certeza de que también lo hacía.
Y yo seguía asustada.
Continué mi descarriada vida de vaivenes cotidianos, siempre con su vívida imagen en mi inconsciente, presente como si todavía fuéramos los dos niños de aquel día, como si aún viviésemos en aquella primer noche de verano. Con una leve admiración, con un cuidado secreto y desde lejos, como una especia de fuerza omnipotente que lo vigilaba y velaba constantemente por su bien. Con un cariño invisible en mis palabras cada vez que otros solicitan mi opinión acerca de sus actos, con el cerebro y medio oído escuchando cada vez que oía a alguien murmurar algún detalle o pista, por más pequeña que fuera, sobre su paradero.
Y yo todavía estoy asustada.

Cuando caí
El grotesco personaje de aquella noche es, fue y será para mí un eterno misterio. El inusual talismán de su ser es aquello que me desvela en las noches de verano, consume mi capacidad de razonamiento y estoy segura me robará una más de una lágrima. Tantas conclusiones he obtenido acerca de su extraña constitución, fruto de prolongados días de reflexión, que ya ni siquiera las recuerdo con exactitud. Tantos momentos en los que he visualizado su pálido rostro, en el que lo he vuelto a encontrado cuidando mis espaldas mientras duermo, redescubriéndolo como un ser humano nuevo. Tantas ocasiones en las que creí perderlo, y él, tan triunfante y altivo como siempre, se aparece desde dónde no te lo esperarías jamás.



Nada interesante pasaba.
Y ahí me tienen, en el triste verano. Por aquellos días, yo era una nena indefensa con sus dieciséis años recién cumplidos, discretamente frágil y muy dependiente. Buscando en un hombre la figura protectora, lo que podría llamarse un padre o al menos lo más cercano a ella. Tímida y sombría, amargada y sarcástica, no era la clase de persona que podrías llegar a encontrar un sábado en la plaza con sus amigos. Por el contrario, padecía lo que podríamos denominar una humano fobia. Las personas me aterrorizaban y por ende, me retraía constantemente. Hasta que llegó la buena mañana en la que el subconsciente se transformó en mi consciente, y mi consciente mentalidad en mi realidad. Fue esa buena tarde en la que el destino, con una sonrisita soncarrona, me encontró con el extraño vestido de negro.
__Hola__ Me dijo al verme. Me saludó con una sonrisa muda y me invitó a salir fuera.
Una repentina brisa me erizó la piel. La capa de nubes blancas que cubrían aquel cielo, ni siquiera la fría llovizna no conseguía opacar la creciente tensión que comenzaba a originarse entre ambos. Nos deseábamos mutuamente.
Y entonces, carcomiéndome el alma a sangre fría, se acerco y posó sus comisuras sobre las mías suavemente, más acariciándome que besando mis labios. Deseperado, frenético por lo que estaba haciendo, sin siquiera saber dónde apoyar sus manos.
__Olvidate de mí.__Pronunció entonces, alejándose y abandonándome así, empapada, helada, observando la nada, con añoranzas de verano y con una lágrima que ahora se deslizaba por mi rostro.


Cuando el encuentro tuvo su lugar
No me rendí. No me sentí capaz de hacerlo.
Lo busqué por todas partes. Mantuvimos una normal relación de salientes, entonces, como el ermitaño y yo dispusimos más tarde. Normalmente desequilibrada, para ser más precisos.
__No me pertenecés. Sólo te advierto que algún día, tal vez alguno muy próximo, esto se va a terminar.
Mi cuerpo se estremecía al considerar esa posibilidad.
__Pero mi amor, ¿Qué te hice?
__No me vengas con esa pregunta. No quiero a nadie en mi vida, Sol.

No quiero a nadie en mi vida, Sol.
Existen ocasiones en las cuales el ser se contempla a sí mismo desde un punto de vista nulo, tal y como si fuéramos ajenos a nuestra vida, ajenos a nosotros mismos. Considero imprescendible utilizar ese foco para observarnos casi desde un espejo, con total objetividad sobre nuestro estado, sobre nuestra realidad. Y yo había perdido esta capacidad por completo. Mi cariño se tornaba en obsesión, una creciente devoción hacia una imagen falsa, una especie de dios que me había construido en mi mente, en un intento por recibir protección y las migas de un amor enfermizo. Y esa idolatría es algo con lo que nadie puede cargar.
La mañana del 28 de febrero de 2012, apenas a las 10:00 a.m, sentía como si estuvieran a punto de vacunarme. Era consciente de lo mucho que dolería, pero también sabía que debía hacerlo de todos modos.
Maxi me fue indiferente durante todo el día. Y fue recién a la media noche, cuando borracha y con una depresión insoportable, le rogué que me dirigiera la palabra. Ay, la indiferencia. La forma de herir más peligrosa. Un cuchillo de doble filo. Un arma letal, la más dañina, la peor.
_Sabes cuál es el único objetivo de alguien como yo. De alguien que no te ama y que nunca te amará, porque nadie va a amar nunca a alguien con tu aspecto. La única diferencia entre una prostituta y tu imagen es que cobra por tocar su cuerpo y vos gracias a mi mente me lo entregaste gratis. Pero esto fue solo una prueba, ahora que sé que puedo manejar a una persona voy a ir tras mujeres de verdad, no tras este intento de ser humano que la naturaleza tuvo el error de construir. Ahora, como recompensa por tu estupidez, te doy la oportunidad de alejarte al conocer mis verdaderos objetivos. Solo sos…
Solo soy...
¿Qué más, mi amor? ¿Qué más?
Sólo cicatrices. Eso es todo lo que soy. Eso es a lo que me reduciste.


Cuando los días se limitaban a transcurrir
Y llovía tanto que no veía nada



I am an ocean, I am the sea 
There is a world inside of me 

Lost in the abyss, trapped and subdued 

No set of rules could salvage me 

Don't need a shipwreck, no we don't 

Failure to radio, fend for ourselves 

We just watch the waves crash over 

We all get cast to sea 

Noches hambrientas y desesperadas  Soy el océano, soy el mar; hay todo un mundo dentro mío. Así es como mi fuerza interior se expresaba cuando vivía sin esperanza. Cuando era lo más parecido a una sicópata. Cuando mi existencia entera ya no tenía propósito alguno. Era yo una Juana la Loca, una chiflada, de las que llegan al punto sublime de perder la cordura por un sentimiento. Un puto sentimiento. Un puto sentimiento encarnado por alguien ajeno a mí.
__Es así. O desatás el nudo o lo cortás. __Le repetía una voz imperceptible a una crédula versión de mí misma. Cada noche, cada tarde, cada mañana que abría los ojos dispuesta (o no) a dar comienzo a otra jornada. Otro capítulo en mi vida. Otro capítulo en esta novela, en esta comedia negra, una morbosa exposición de la desgracia humana.
 Podría haber sido éste el momento más desequilibrado de toda mi trayectoria. Una adolescente frustrada, a la que siempre se le decía que hacer, se le fajaba de vestiduras, la que mostraba una sonrisita inocente y amigable (la única que le enseñaron) mientras que por dentro se le resquebrajaban los tejidos. Que siempre echaba una última mirada a la capilla del colegio católico al que asistía. Una última mirada desafiante a ese, al que colgaba de una cruz y te lanzaba una mirada de reproche con los ojos cubiertos de sangre. 

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Volvía del colegio. Furiosa, deprimida, desquiciada, me encerraba en mi habitación a no pensar. Mis lágrimas sobre el maltratado cubrecamas. Una cara de enojo que no podía ocultar. La pollera cuadrillé desparramada por el suelo. Marilyn Manson sonando a todo volumen. Mis manos magulladas, ensangrentadas, muertas. 

Y sólo en algunas noches, aquellas en las que el dolor evolucionaba en algo insoportable y mis fluidos apestaban, salía a algún antro en busca de encuentro social. Mutaba en alguien nuevo, una adefesio, una criatura nocturna que si no se divertía ofecía una excelente actuación. Me sentía atractiva y salvaje, o tal vez lo era. Me sacudía al ritmo de la música, y si no tenía un vaso de tequila en la mano, me desparramaba por el suelo a intentar olvidarlo todo. Si nadie me respetaba ¿Por qué habría de hacerlo yo?. Sin embargo, cada vez que algún hombre pretendía algún acercamiento conmigo y ante el desconcierto de quienes me rodeaban, los ahuyentaba velozmente. Yo estaba reservada. Yo me reservé para alguien que, probablemente nunca volvería por mí.
Pero es que había algo, había algo en sus ojos pronunció esa tempestuosa despedida. Algo que me indicaba que todo aquello era mentira. Algo dentro suyo había gritado que me deseaba, casi tan fuerte como para que yo lo escuchase. Él nunca quiso abandonarme. Pero, ¿Qué tal si esa era otra de mis trampas? 
Dejé de tener dignidad (o al menos, la ración que me había quedado de ella). Todo se apagó. Todo felicidad era una burla, todo buen recuerdo una memoria lejana. Dejé de comer. Dejé de pensar. 
Y lentamente, dejé de vivir.

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"Cuando pensaba que no podía sentirme más culpable, una noticia me llegó. Mis insultos habían enfermado a Sol, quien tratando de perfeccionar aun más su cuerpo a causa de mis denigración lo arruinó. Era anoréxica, había dejado de comer para que yo me fijase en ella.
En el hospital, ella estaba hermosa, cubierta por sabanas blancas y celestes, con una ropa cómoda que resaltaba su pureza, pues la libraba de las ataduras sucias de la moda. Me dirigí hacia sus ojos con una mirada enfurecida, como retándola por haber cometido semejante estupidez. Hablamos, pues teníamos miedo, ambos estábamos enfermos y no sabíamos que nos deparaba el futuro, pero estaba claro que nos amábamos y eso dejaba todo de lado, nuestro pasado era un chiste pues en él no estábamos juntos.
El único ser humano que mi amada quería tener cerca era yo, prueba de que el amor es el instinto más poderoso que se puede engendrar en una persona. Yo sabía que ahora que todo el mundo conocía mi enfermedad mi perdón estaba asegurado, además, las incesantes advertencias sobre mi persona que le había dedicado a mi eterno amor me excusaban de cualquier tipo de recriminación."

A sangre fría
Era invierno. Yo había cesado recientemente mi internación y todos pensaban que era una lunática.
La noche en que lo asesiné, hacía mucho, demasiado frío. 
Al llegar a, me encontró calentando mis huesos helados. Aferrada a la estufa, no me estimaba apta para despegarme de ella. Me entretuve manteniendo una banal conversación con una vieja conocida. El diálogo me resultó agradable, yo poseía tantas novedades. Por alguna coincidencia del destino, decidimos subir a la habitación de arriba para continuar la tertulia. Y allí fue donde lo hallé nuevamente. Solo, encerrado, tal vez preguntándose qué era de sí mismo. Mi acompañante nos miró aleatoriamente, y tras lanzarnos una sonrisa (mezcla de picardía, ternura, y lástima) abandonó el lugar.
Me tomó con ambas manos. Manos largas y de dedos esqueléticos, tal y como las recordaba. Manos fuertes, delicadas y finas. El pianista besó las cicatrices de mi piel. "Aún sos hermosa" dijo. 
Se apropió de mis cabellos y mi cintura, recorriéndolos y apreciándolos con serenidad y sosiego. Nos conectábamos de nuevo, me desterraba a la tierra que no existe, al cosmos donde solía flotar en aquel verano. Sólo que ahora éramos dos los que levitábamos en el espacio.
Lo asesiné. Destruí la única fracción de su naturaleza que nos distanciaba. Me enfrenté a puño con la parte malévola de ese transtornado bipolar, y la vencí. Yo, la nena débil de antes, había terminado con lo que ni sus preocupados psiquiatras, ni su consternada familia, ni siquiera sus amigos (sólo los más observadores) quisieron dar final.
__No sos la misma. Hay algo en vos... sos más fuerte__Hizo una pausa, se paró y me abandonó por unos minutos diciendo__Voy a bajar por algo. Ya vengo.
Sola en el cuarto y por puro aburrimiento, me aproximé a la biblioteca. Estaba tan tranquila. Tomé un libro. Era Galeano. Lo abrí y leí una hoja situada en la mitad, que contenía tan sólo un párrafo.

La pequeña muerte
No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje, a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos y quejidos, voces de dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien nada tiene de raro, porque nacer es una alegría que duele. 
Pequeña muerte, llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza. Pequeña muerte, la llaman; pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace.


Él volvió a la habitación más tarde, con cierto aroma a cerveza.
__¿Eso fue planeado? __Preguntó asombrado, unos minutos más tarde, cuando se lo leía.
Mi risa resonó por toda la casa. No, claro que no.




jueves, 17 de enero de 2013

Negra eminencia

Los siguientes fragmentos no son más que una secuencia. Cada uno de ellos fue escrito en diferentes momentos de una sola noche, durante cortos lapsos de rara lucidez, cuando una especie de consciencia secundaria me dominaba y decidíamos en conjunto las palabras que debia de utilizar. Todos llevan un título condecorativo que esconde otro significado. Analizándolo al día siguiente comprobé que curiosamente o no, se trataba de un rompecabezas. Al armarlo deriva en un relato, tal vez el más sombrío y cínico que alguna vez redacté.

La duda
Rondaban las siete treinta de la mañana de aquel sábado. Un sol radiante azotaba sus primeros rayos contra los cristales del comedor familiar, brindando a aquella ínsólita escena del desayuno un toque más cálido aún. Pues era poco usual que compartiéramos una comida juntos. Siempre era mi madre, la que con paciencia, aguardaba a que yo me despertara y compartía conmigo ese delicioso café matutino, con gusto a resaca, con gusto a vómito y un dolor estomacal pestilente. Ese café que quemaba y era asquerosamente dulce, pero que sin embargo, me producía un inexplicable placer saborear.
__¿Por qué a esta hora?__Le pregunté entonces, volcando una pisca de reproche en las somnolientas palabras que le confería.
_Tu papá ya te va a explicar.__Se limitó a responder.
Se me atoró la tostada en la garganta. Dios, qué cagada podría haber hecho. Qué sublime cagada podría ameritar que me levantaran a las siete treinta, me prepararan un desayuno y me petrificaran con las palabras "Tu papá ya te va a explicar."
Al fin de la espera, mi padre apareció tras la puerta corrediza. Se aproximó hasta la mesa, cebó un mate, y justo cuando pensé que mi sentencia se avecinaba me tomó por sorpresa con una amigable invitación.
__¿Querés viajar conmigo?__Dijo con la más falsa de las sonrisas.
"No" Me imaginé responder también, mostrando los dientes de aquella forma tan fingidamente notoria. No obstante, algo dentro mío me impulsó a contestar;
__Bueno__No lo podía creer mientras lo decía.

La espera
Viajando por la ruta. Observando la preciosa llanura rural, tan pura, tan libre, un aliviante descanso a las monstruosas construcciones urbanos, condecorada por un precioso cielo. Despejado, sin nubes que molestaran, como orgulloso de enseñar toda su enormidad. No obstante, a lo lejos se avecinaba una tormenta. John Lennon sonaba en la radio mientras trataba de visualizarla, con su tan típico "Stand by me". "Quédate por mí", pensé entonces, murmurando mentalmente aquella prohibida declaración de amor, frente a un imponente paisaje azul. "Si tu cielo se llegara a nublar, si el horizonte es demasiado poco para vos. Si la suave brisa de mi aliento te distrajo de tu objetivo, si mi celoso y vengativo espíritu de mujer te lastima. Si mis predecibles palabras y copiados poemas ya te son amenos. Si mi presencia ya no te es notoria y estar a mi lado se ha convertido más en una adicción. Sólo entonces dejame sola. Sólo entonces abandoname en la vida, el peor de los castigos terrenales, como bien sabemos me lo merezco."
__Esperá acá arriba__Dijo mi padre al estacionar el auto.__Sólo será un rato.
Descreyendo al cien por ciento sus palabras (En el vocabulario de mi querido progenitor, un rato se trata de alrededor de dos horas) me recosté pacientemente en el asiento delantero. Tomé un bolígrafo y tracé algunos garabatos. Dibujé un gran y frondoso árbol, seguido de tres frías y cadavéricas figuras.Todas ellas llevaban nombre, excepto por una, la más terrorífica y pálida de todas.
La mía.

Extraño
Pasada una hora, una extraña mujer en la esquina comenzaba a observarme sin pudor alguno. Era de piel oscura, cabellos largos y lacios, manos maternales y una mirada relajada. Me pregunté que detalle de mi poco atractiva figura era la que llamaba la atención de aquella dama. ¿Interés casual?¿Pura curiosidad?¿Interés económico? ¿Interés inocente? ¿Interés social? ¿Interés sexual? No lo creo.
Fue mi padre quien irrumpió la escena y me hizo sobresaltar, abriendo la puerta opuesta del vehículo e invitándome a salir.
__Vení a saludar.__Me dijo tomándome por la muñeca, actitud que me disgusta de sobremanera. Cualquiera sabe que mis antebrazos son la parte más delgada y frágil de mi anatomía, de modo que tomarme de allí indica crecientes deseos de posesión y domininio.
__Hola__Pronunció entonces la mujer__Me voy a quedar con vos hasta que tu papá vuelva.
"Dios, qué desgracia." Pensé.
Uno de mis mayores impedimentos radica en que detesto hablar con la gente. El acto de dialogar me resulta sumamente tedioso además de una verdadera dificultad. Honestamente hoy son pocas las personas con las que comparto y disfruto una tranquila charla. Pocas son las personas a las que les dedico una palabra. Pocas son las personas a las que creo merecen escucharme, oír los delirios de esta descarriada.
Abrió la puerta de su humilde pero pintoresco hogar, dejando que un detestable olor a perfume se colara por la hendidura. Era una casa cubierta de un perfume barato, supuse, de esos que más que mejorar el ambiente lo endulzan con un horrible sabor.
Me abandonó en su sala de estar. Sentada en la pequeña silla, observaba curiosamente los detalles de aquella extraña habitación. Era pequeña y extremadamente oscura, la cual a pesar de llevar una enorme ventana, no permitía el paso de la luz. Desde allí el sonriente sol de esta mañana parecía terrorífico, una feliz y despiadada figura que originaba la peor sombra. Un vano intento de felicidad, una figura construido a partir del sarcasmo y la pesada broma de algún cretino. Aquel rojizo salón se alumbrara entonces gracias a unas cuantas velas desperdigadas. Frente a mí, un estante repleto de diversos santos, la más grande colección de estatuillas que vi en mi vida. Vírgenes enlazadas con cintas, retratos, algunos recuerdos de otros países. Uno que otro rosario, crucifijos, extrañas piedras dispuestas de una poco usual forma.
__¿Querés algo de tomar?
__No, gracias.
La mujer me contemplaba fijamente, con una extraña mezcla de burla y calidez dibujada en sus labios.
__Está bien. Voy a ir al grano. Podés decirme cómo estás, no tengas miedo.Te veo muy desganada.
__Todos lo hacen__Me limité a responder, sosteniendo el helado vaso de agua entre mis manos, fijando la vista en algún punto del espacio, inexistente por el momento.
__¿Estás durmiendo mal, no?
__Algo así.
__Seguramente también sufriste mucho por amor.
__Como todos__ Sentencié tomando un trago y aún sin mirarla a los ojos.
La mujer rió.
__Esa no es la cuestión. La cuestión es que vos anduviste haciendo cosas que no debías. Pactaste con alguien, pidiéndole que te brindara algo. El pacto se cumplió, vos recibiste lo que pediste, pero ahora esa entidad oscura te sigue y no te deja vivir.
¿Cómo sabía ella de él? De ese incesante escalofrío que me recorre de a momentos. De ese tacto que siento en mi espalda, tal y como si alguien me llamara con la mano. De ese dolor de pecho que me hace ver las estrellas y no me permite levantarme en las mañanas. De esas caricias que me recorren la piel por sólo tres veces y antes de dormir, esos susurros que me dicen "Sol" y casi me seducen. De esa presencia que se enrolla en mis piernas y me respira en el oído. Esa que me opaca, me persigue y me desgasta.
__Llamaste al oscuro. Y yo te voy a liberar del precio que tenés que pagar.
__¿Cómo?__Pregunté desesperadamente
__Conozco de esto. Soy médium.
¿Podría alguien librarme de aquellos que se cuelgan de mi cuello por las noches? ¿Podría hacer a un lado a los protagonistas mis peores pesadillas? ¿Sería ella quien lograría borrar de una vez por todas a las malditas plagas del insomnio, los vestigios más ardientes del mal que jugaban con mi existencia?
Habló con mi padre, dijo que necesitaba verme urgentemente al día siguiente. Que mi situación era peor de lo que pensaba. Que necesitaba ser purificada cuanto antes. Acordaron la hora de mi análisis. Volví a mi casa, confundida, perturbada, sumida en el infierno de mi cabeza. Otra vez, ese sentirse un bicho raro, ese ratoncito de laboratorio, un experimento fallido. Otra vez yo.


La crisis
Y mientras todo daba vueltas, las ocurrencias iban en aumento. Y sólo entonces los murmuros mentales que de a ratos me asaltan, se dedicaron a escupir mi verdad. "Yo no sé que soy, no sé lo que quiero. Sólo soy una escritora confundida, una joven perturbada que vive con sus padres y su gato. Una maldita antisocial cuyo mayor primer amor y refugio fue el arte.Una pálida y desgarbada figura que camina por las sucias calles del Boulevard Gálvez sólo en días lluviosos y feriados. Una torturada y desagradecida alma, que sólo sabe lo que es sufrir y no logra aprender del todo qué es amar. La adictiva idiota que necesita de Los Locos Adams para reír, de Nirvana para chillar, de nuez moscada para estimularse y pasarla bien. La más pesimista de su clase, la más involucionada de su género. La cara de orto que se maldice una y otra vez por no reír, por ser incapaz de sentir la felicidad rozarle los pies. A la que nunca le enseñaron la otra cara de la moneda, siempre le dieron la espalda y así entendió que debía alejarse de los humanos."

El precio
La negra eminenca estaba en mis sueños de nuevo.
"¡Grita, grita como una condenada, desgraciada perra!"
Era un hombre sin rostro, de unos tres metros, tan atemorizante como siempre. Era un viejo conocido, era el que se dedicaba a horrorizarme en mis infantiles descansos, a decorar mi infancia con una tenue pizca de morbosidad.
Nos hallábamos suspendidos en una enorme mazmorra, una especie de calabozo gigante cuyos límites eran manchas negras sin fin visible. Vestidos de gala, parecíamos preparados para una ceremonia.
Volqué la vista sobre mi cuerpo y me descubrí llevando un largo vestido negro. En mi mano, tres rosas del mismo color. En las de él, una navaja. Las notas de un desafinado órgano resonaban a lo lejos.
"¡Grita, grita como una condenada, desgraciada perra!" Repitió, se abalanzó sobre mí, y tras contemplar mi rostro por unos segundos, lo atravesó con el mango del cortante elemento.
"¡Grita, grita, grita!" Era insaciable, inagotable. Apasionado por el dolor, inhumanamente real, sonreía frenéticamente.
Desperté boca abajo y temblando. No cesaba de sudar. Me puse de pie forzosamente, y sosteniéndome con ambas manos, hice el suficiente equilibrio como para caminar unos pasos. Me miré al espejo y un arrebato de furia me invadió de pies a cabeza. No me pude contener en derrumbarlo todo. Sin pensarlo dos veces, tumbé una pila de libros de mi biblioteca. Mis pinturas, hojas, un vaso, cds, mis pastillas, la caja de cigarrillos que alguien había olvidado sobre mi mesa, el gran espejo, ropa, mi cabeza, todo al suelo. Todo ahora era bronca. Todo destrozos. Todo debía morir. Todo debía romperse. Algo tenía que salir de mí, pero ¡¿Qué?! ¿¿Qué era??
Azoté la almohada contra la pared, y fue en ese instante cuando, para mi sorpresa, me detuve.
Comprimí mi rostro entre mis manos, sin ahogar ni el más mínimo sollozo. Tal situación no lo merecía. Sin más que decir, aprisioné a Satán entre mis brazos, caí en la cama y me dormí por completo.