sábado, 10 de agosto de 2013

Caí

Tumblr
Era domingo 67 de octubre de 3125
Noche de tragos, cigarros y música fuerte.
Vos estabas en todas partes.
Caí.
Comencé entonces a girar frenética e inconteniblemente. Todo daba vueltas y el lugar entero se poblaba de engendros. La música era ahora una distorsionada marcha fúnebre, y se oía más fuerte que nunca. La totalidad de los salvajes adolescentes que poblaban aquel complejo de recreación nocturno mutaron en deformes criaturas que me acechaban e intentaban hacerme daño. Repugnantes animales en celo realizaban exóticos bailes previos al apareamiento, acto que realizaban públicamente y sin pudor alguno. Ahora eran grotescas figuras, desesperadas por alimentarse, buscando presas a las cuales deborar: percibí la diversión que les causaba aquella especie de circo, entretenimiento barato de observarme desvanecer en mi miseria hecha de mugre y alcohol. Entonces el suelo se partió.
La tierra se abría y me quería comer, una tajo en el suelo del que salían despedidos miles de recuerdos. Los jóvenes, más emocionados que nunca, se alborotaban ansiosos por el banquete final. 
__¡Sol! ¡Sol! ¡¿Me escuchás?!__Me sentía sujetar__ ¡Sol, por el amor de Dios!
En el centro de la pista, saboreaban mis huesos con la intensidad de aquellos que han de padecer las mayores ¿Y qué mejor que una carne tierna como ya para solventar sus hambrunas? Impacientes, se abalanzaron sobre mí y la matanza comenzó.
__¿Qué tomó? ¿¡Qué le diste!?
Contemplé entonces a aquellas desorbitantes mandíbulas tragarme; a esos gastados estómagos abrirse. A esas manos que sin verguenza tomaban lo que podían de mi unidad corporal.


Hello, Is there anybody in there?
Just nod if you can hear me.
Is there anyone at home?
__No sé que le pasa. Se bajó medio vaso solamente, boluda.
Me puse de pie.
Comprendí que sólo era una fantasía, nada de caníbales por aquella noche. Todo lo que tocaba era húmedo, y apenas era capaz de identificar las nubes rosa de aquel oscuro cielo carente de estrellas. Una fina llovizna me mojaba la espalda y los cabellos. No tenía idea de quién era ni qué propósito tenía mi presencia en aquel incipiente lugar. Me limité a permanecer observándome e intentando dilucidar alguna coherencia, por más mínima que fuese, en medio de aquella poco casual locura. Mi tarea se dificultaba cada vez más; nunca me había sentido tan inestable, me tambaleaba continuamente y todo olía a vómito. Mi visión se distorsionó una vez más y los monstruos reaparecieron.
Me sentí un gusano.
__Soy fea.
__Una piba tan linda como vos amiga, ¿Cortala querés?
Miré hacia el frente. Me hablaba un  muchacho de unos veinte años de edad, tal vez un poco más. Llevaba una camisa (creo, negra) y unos jeans notablemente rotosos. Portando un extraño aire de formalidad, un aura de seriedad se desplegaba a su alrededor y me resultaba casi repugnante. Contemplando sus rizos, sus labios ligeramente entumecidos y a juzgar por su prominente cabellera rubia y ojos color mar lo creí una alucinación de mi deplorable estado. Como tal, no le brindé demasiada importancia.
__Pero soy fea.


Fuera hacía frío.
Dentro hervía.
Y entonces, casi desgarrándome, me tomó de la cadera y apretándome los huesos me comprimió contra su pecho. Condujo todo el peso de mi muerta estructura corporal hasta el colchón dentro del precario sucucho sobre el que nos revolcábamos. Medias corridas. Aliento a ebriedad. Siendo una sola masa homogénea, un tinte rojo sobre las sábanas, tal vez producto de la sangría, tal vez de aquel rouge carmín que jamás me atreví a usar, tal vez producto de los desgarros y mordidas que vorazmente le deposité en el cuello. Susurros, susurros que iban y venían, susurros aterciopelados que marcaban un contraste y un "Hola mi amor" que estremecía cada centímetro de mi constitución corporal. Retazos, retazos de The Carpenters que iban y venían, éxtasis carnal que nos embebía a ambos.
Haciendo caso omiso al azote que mi cabeza había recibido al colisionar con la pared, la noche nos encontraba en lo más pulcro de nuestro estado animal, develando el más recóndito y básico principio de la naturaleza. Nos remontamos al comienzo de los tiempos, yo era Eva y él Adán, él pellizcaba la manzana y yo gritaba, la serpiente bramaba quejidos de dolor, él se tentaba mientras incitaba a la pasión, yo escupía fuego y le exigía más, las puertas del paraíso eran abiertas.
Fuera hacía frío y dentro hervía  porque dos figuras se devoraban, deleitandose con el ardor de acallar sus impulsos, hartos de reprimir el deseo, ansiosos de recorrerse una y otra vez. Fuera hacía frío y dentro hervía pues no sabían con certeza si aquello era amor, pero de cualquier forma no les interesaba demasiado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario