martes, 5 de marzo de 2013

Hermosa


Cuando tuve fiebre blanca
Noche fría y devastadora.
En los albores de una esplendorosa fiesta de la alta alcurnia santafesina, más precisamente la compuesta por adolescentes, el grupo social con el que habituaba tener contacto me causaba espasmos y repugnancia.
__¡Un brindis! ¡Un largo y solemne brindis mis amigos, por la estupidez y los capitales que compartimos! ¡Señor Dios, en ti confiamos! -Al menos así recuerdo haberlo oído-
Unas horas después, la ruidosa música resonaba a más no poder. La luz de los reflectores iluminaba mis pálidas facciones que ahora se contraían y eran de espanto. Los tímpanos se me consumían al ingresar a través de ellos vulgares melodías, el piso comenzaba a vibrar (sensación que detesto), y las hembras en celo se preparaban para ser capturadas por el admirable cortejo de un caballero, dueño de robarles su corazón y virginidad. Lo admitiré, es cierto que trataba de encajar. Pero por más que me esforzaba constantemente, no lograba soportar un minuto más en medio de aquel ambiente.
El resonar en mi cabeza era intolerable y poseía la pequeña sospecha de que mis negros cabellos me trataban de ahorcar. Agotada ya mi capacidad de resistencia, salí despedida de aquel ambiente, afligida, aturdida y con un intenso dolor de pies.
Y entonces oí un piano. La más fina composición musical penetraba mi cabeza y me conducía al desquicio la noche en la que vi al hombre de negro.
Miro a mi alrededor. Contemplando mis proximidades, visualizo entre los aburridos rezagados de la fiesta a un viejo conocido ubicado confortablemente en un sillón. Descubro a su lado a un joven mirando fijamente el suelo sin razón aparente, quizás tratando de identificar las fallas de la cerámica.
__¡Nena!__Me gritó mi amigo desde el otro extremo del salón.__¡Gozá!
Me acerqué hacia donde se encontraban, y tomé asiento en la butaca más cercana.
__¿Qué fue lo que dijiste? __Pregunté, intrigada.
__¡Gozá, es tan diferente al dolor...
La presencia a su lado, igual de grotesca, no se movía. No parecía encontrarse triste, ni furioso, ni haber bebido de más. Estando a una distancia prudente, posé mis ojos sobre él. Con las manos sobre el mentón, sus largos y ondulados cabellos ocultaban su rostro, impidiendo que consiga divisar su identidad. Llevaba una camisa negra, un pantalón y unas desgarbadas zapatillas, ambas del mismo color. A su pálida piel la coronaba una serie de extraños amuletos, entre los que recuerdo un gótico collar y un curioso anillo.
__Hay que gozar, linda. ¿Qué es eso? ¿Qué es eso a lo que me reducí? Si te detestás, no importa. Si servís a Dios, tampoco. ¡Qué tiempos, qué tiempos de locos nena! El amor es difícil y extraño en estos tiempos. Nos enamoramos, las llevamos a la cama, nos divertimos y lloramos. Bailamos con destreza, lanzamos joviales gritos, nos perforamos el hígado y la conciencia. Rompemos corazones, afirmamos ser felices y no dejamos espacio para nada. Pero por dentro el alma sangra ¡Y cómo! Por eso mismo, ¡Gozá!
Me ofreció un cigarrillo, y ante mi negativa, finalizó su discurso.
__Disfrutá, disfrutá de todo__Me decía mi ebrio amigo, abrazando ahora a quien tal vez era su novia, deborándola una y otra vez.
El piano acrecentaba su sonar, marcando con furia cada nota, pulsando con notoria furia las teclas. Mi caída era próxima a suceder, mientras que 
Pero para mi sorpresa o no, no era la única repugnada aquella velada. Y provocándome un sobresalto, el misterioso que hasta el momento fijaba la vista en las precarias baldosas dio vuelta su mirada. Poso sus ojos sobre mí y me sonrió.
__Hola__Dije.
__Hola__Dijo el extraño.

Cuando la noche fue un nuevo respirar
__¿Qué te pasa? __Preguntó portando una sorpresiva expresión, digna de un niño pequeño. Aquella figura de increíble fortaleza y negrura se esfumó al esbozar el rostro de un gatito decepcionado, casi al borde del llanto.
__Me siento mal. __Confesé sin titubear, sin saber con certeza por qué le abría el pecho y lo dejaba verme por completo.
__¿Por qué? __Continuó, sin abandonar su posición inicial, la cual me traía ciertas añoranzas de Le Penseur.
__No me siento parte de ellos. No soy como ellos.
__En la vida existen dos clases de personas. Aquellas que tienen talentos, y aquellas que no. Estos últimos suelen ser los más molestos, pues viven endulzados por el éxtasis de poseer un rasgo con el que ninguno de nosotros contamos; son felices. Así es la gente normal. Se regozijan, viven flotando en la magia de ser humanos. A lo largo de sus cortas vidas, llevan una existencia tranquila y promedio, con las dificultades promedio de cualquiera de nuestra especie. Pero nosotros, los que nacimos definidos por un don, no podemos vivir así.
¿Nosotros?¿Quién era?¿Qué es lo que sabía de mí?¿Que escondía el interlocutor de aquellas deslumbrantes palabras, oculto detrás de todo ese cabello? Cabello de seda. Era la primera vez que presenciaba a alguien hablar tan seguro y calmo a la vez, como si se tratara de un sabio anciano reducido al tamaño de un adolescente.
__Fuimos conferidos por dones. Imagino que conocés a Beethoven.
Asentí.
__Beethoven es lo más grande de la música. Beethoven es un monstruo, un fenómeno inexplicable con el que incluso los virtuosos modernos no han podido lidiar. Beethoven se cagó de hambre toda su vida. A Beethoven lo cagaron tanto a palos que quedó sordo, y aún así, siguió componiendo las mejor piezas de la historia. Beethoven tenía un talento nato. Y ahora vos, decime si conocés a alguien que pueda tener un don y ser feliz a la vez. ¡No existe tal cosa! Tal vez me ceras egocéntrico, no me importa; yo me creo talentoso en la música. Siento como si hubiera nacido para tal cosa. No somos gente corriente. Y vos, según me dijeron, escribís fantásticamente. Ahí está. Es el precio que tenemos que pagar. Si además de poder vivir con un talento, pudieramos pasarla bien, sería muy injusto ¿No lo creés?
¿Estaba cansada?¿Estaba consternada, o mareada por un par de copas que había ingerido un par de horas atrás? ¿Sería esto real? ¿Sería una broma del destino?
Asentí nuevamente, y me toqué la frente. Todo latía. Nada estaba bien.
Aquel día abandoné ese salón de fiestas asustada, impactada, atónita, deslumbrada. El tiempo pasó.
Y yo seguía asustada.
Seguí charlando de forma ocasional con la personalidad tan peculiar que describí anteriormente. Eventualmente y cada vez que teníamos la suerte de cruzarnos, nos distanciábamos del resto de los comensales y charlábamos. Tocábamos temas existenciales. Yo poseía tantas dudas, y él, tantos deseos de contestarlas.Yo tenía tantas penas dentro, y tanta impotencia y furia al reprimidas.Yo tanto disfrutaba de hablar con él,y tenía la extraña certeza de que también lo hacía.
Y yo seguía asustada.
Continué mi descarriada vida de vaivenes cotidianos, siempre con su vívida imagen en mi inconsciente, presente como si todavía fuéramos los dos niños de aquel día, como si aún viviésemos en aquella primer noche de verano. Con una leve admiración, con un cuidado secreto y desde lejos, como una especia de fuerza omnipotente que lo vigilaba y velaba constantemente por su bien. Con un cariño invisible en mis palabras cada vez que otros solicitan mi opinión acerca de sus actos, con el cerebro y medio oído escuchando cada vez que oía a alguien murmurar algún detalle o pista, por más pequeña que fuera, sobre su paradero.
Y yo todavía estoy asustada.

Cuando caí
El grotesco personaje de aquella noche es, fue y será para mí un eterno misterio. El inusual talismán de su ser es aquello que me desvela en las noches de verano, consume mi capacidad de razonamiento y estoy segura me robará una más de una lágrima. Tantas conclusiones he obtenido acerca de su extraña constitución, fruto de prolongados días de reflexión, que ya ni siquiera las recuerdo con exactitud. Tantos momentos en los que he visualizado su pálido rostro, en el que lo he vuelto a encontrado cuidando mis espaldas mientras duermo, redescubriéndolo como un ser humano nuevo. Tantas ocasiones en las que creí perderlo, y él, tan triunfante y altivo como siempre, se aparece desde dónde no te lo esperarías jamás.



Nada interesante pasaba.
Y ahí me tienen, en el triste verano. Por aquellos días, yo era una nena indefensa con sus dieciséis años recién cumplidos, discretamente frágil y muy dependiente. Buscando en un hombre la figura protectora, lo que podría llamarse un padre o al menos lo más cercano a ella. Tímida y sombría, amargada y sarcástica, no era la clase de persona que podrías llegar a encontrar un sábado en la plaza con sus amigos. Por el contrario, padecía lo que podríamos denominar una humano fobia. Las personas me aterrorizaban y por ende, me retraía constantemente. Hasta que llegó la buena mañana en la que el subconsciente se transformó en mi consciente, y mi consciente mentalidad en mi realidad. Fue esa buena tarde en la que el destino, con una sonrisita soncarrona, me encontró con el extraño vestido de negro.
__Hola__ Me dijo al verme. Me saludó con una sonrisa muda y me invitó a salir fuera.
Una repentina brisa me erizó la piel. La capa de nubes blancas que cubrían aquel cielo, ni siquiera la fría llovizna no conseguía opacar la creciente tensión que comenzaba a originarse entre ambos. Nos deseábamos mutuamente.
Y entonces, carcomiéndome el alma a sangre fría, se acerco y posó sus comisuras sobre las mías suavemente, más acariciándome que besando mis labios. Deseperado, frenético por lo que estaba haciendo, sin siquiera saber dónde apoyar sus manos.
__Olvidate de mí.__Pronunció entonces, alejándose y abandonándome así, empapada, helada, observando la nada, con añoranzas de verano y con una lágrima que ahora se deslizaba por mi rostro.


Cuando el encuentro tuvo su lugar
No me rendí. No me sentí capaz de hacerlo.
Lo busqué por todas partes. Mantuvimos una normal relación de salientes, entonces, como el ermitaño y yo dispusimos más tarde. Normalmente desequilibrada, para ser más precisos.
__No me pertenecés. Sólo te advierto que algún día, tal vez alguno muy próximo, esto se va a terminar.
Mi cuerpo se estremecía al considerar esa posibilidad.
__Pero mi amor, ¿Qué te hice?
__No me vengas con esa pregunta. No quiero a nadie en mi vida, Sol.

No quiero a nadie en mi vida, Sol.
Existen ocasiones en las cuales el ser se contempla a sí mismo desde un punto de vista nulo, tal y como si fuéramos ajenos a nuestra vida, ajenos a nosotros mismos. Considero imprescendible utilizar ese foco para observarnos casi desde un espejo, con total objetividad sobre nuestro estado, sobre nuestra realidad. Y yo había perdido esta capacidad por completo. Mi cariño se tornaba en obsesión, una creciente devoción hacia una imagen falsa, una especie de dios que me había construido en mi mente, en un intento por recibir protección y las migas de un amor enfermizo. Y esa idolatría es algo con lo que nadie puede cargar.
La mañana del 28 de febrero de 2012, apenas a las 10:00 a.m, sentía como si estuvieran a punto de vacunarme. Era consciente de lo mucho que dolería, pero también sabía que debía hacerlo de todos modos.
Maxi me fue indiferente durante todo el día. Y fue recién a la media noche, cuando borracha y con una depresión insoportable, le rogué que me dirigiera la palabra. Ay, la indiferencia. La forma de herir más peligrosa. Un cuchillo de doble filo. Un arma letal, la más dañina, la peor.
_Sabes cuál es el único objetivo de alguien como yo. De alguien que no te ama y que nunca te amará, porque nadie va a amar nunca a alguien con tu aspecto. La única diferencia entre una prostituta y tu imagen es que cobra por tocar su cuerpo y vos gracias a mi mente me lo entregaste gratis. Pero esto fue solo una prueba, ahora que sé que puedo manejar a una persona voy a ir tras mujeres de verdad, no tras este intento de ser humano que la naturaleza tuvo el error de construir. Ahora, como recompensa por tu estupidez, te doy la oportunidad de alejarte al conocer mis verdaderos objetivos. Solo sos…
Solo soy...
¿Qué más, mi amor? ¿Qué más?
Sólo cicatrices. Eso es todo lo que soy. Eso es a lo que me reduciste.


Cuando los días se limitaban a transcurrir
Y llovía tanto que no veía nada



I am an ocean, I am the sea 
There is a world inside of me 

Lost in the abyss, trapped and subdued 

No set of rules could salvage me 

Don't need a shipwreck, no we don't 

Failure to radio, fend for ourselves 

We just watch the waves crash over 

We all get cast to sea 

Noches hambrientas y desesperadas  Soy el océano, soy el mar; hay todo un mundo dentro mío. Así es como mi fuerza interior se expresaba cuando vivía sin esperanza. Cuando era lo más parecido a una sicópata. Cuando mi existencia entera ya no tenía propósito alguno. Era yo una Juana la Loca, una chiflada, de las que llegan al punto sublime de perder la cordura por un sentimiento. Un puto sentimiento. Un puto sentimiento encarnado por alguien ajeno a mí.
__Es así. O desatás el nudo o lo cortás. __Le repetía una voz imperceptible a una crédula versión de mí misma. Cada noche, cada tarde, cada mañana que abría los ojos dispuesta (o no) a dar comienzo a otra jornada. Otro capítulo en mi vida. Otro capítulo en esta novela, en esta comedia negra, una morbosa exposición de la desgracia humana.
 Podría haber sido éste el momento más desequilibrado de toda mi trayectoria. Una adolescente frustrada, a la que siempre se le decía que hacer, se le fajaba de vestiduras, la que mostraba una sonrisita inocente y amigable (la única que le enseñaron) mientras que por dentro se le resquebrajaban los tejidos. Que siempre echaba una última mirada a la capilla del colegio católico al que asistía. Una última mirada desafiante a ese, al que colgaba de una cruz y te lanzaba una mirada de reproche con los ojos cubiertos de sangre. 

Tumblr_mhb1j5qard1qjh2c6o1_500_large






















Volvía del colegio. Furiosa, deprimida, desquiciada, me encerraba en mi habitación a no pensar. Mis lágrimas sobre el maltratado cubrecamas. Una cara de enojo que no podía ocultar. La pollera cuadrillé desparramada por el suelo. Marilyn Manson sonando a todo volumen. Mis manos magulladas, ensangrentadas, muertas. 

Y sólo en algunas noches, aquellas en las que el dolor evolucionaba en algo insoportable y mis fluidos apestaban, salía a algún antro en busca de encuentro social. Mutaba en alguien nuevo, una adefesio, una criatura nocturna que si no se divertía ofecía una excelente actuación. Me sentía atractiva y salvaje, o tal vez lo era. Me sacudía al ritmo de la música, y si no tenía un vaso de tequila en la mano, me desparramaba por el suelo a intentar olvidarlo todo. Si nadie me respetaba ¿Por qué habría de hacerlo yo?. Sin embargo, cada vez que algún hombre pretendía algún acercamiento conmigo y ante el desconcierto de quienes me rodeaban, los ahuyentaba velozmente. Yo estaba reservada. Yo me reservé para alguien que, probablemente nunca volvería por mí.
Pero es que había algo, había algo en sus ojos pronunció esa tempestuosa despedida. Algo que me indicaba que todo aquello era mentira. Algo dentro suyo había gritado que me deseaba, casi tan fuerte como para que yo lo escuchase. Él nunca quiso abandonarme. Pero, ¿Qué tal si esa era otra de mis trampas? 
Dejé de tener dignidad (o al menos, la ración que me había quedado de ella). Todo se apagó. Todo felicidad era una burla, todo buen recuerdo una memoria lejana. Dejé de comer. Dejé de pensar. 
Y lentamente, dejé de vivir.

Tumblr_m5tfz2nbf11rwhgtao1_400_large




"Cuando pensaba que no podía sentirme más culpable, una noticia me llegó. Mis insultos habían enfermado a Sol, quien tratando de perfeccionar aun más su cuerpo a causa de mis denigración lo arruinó. Era anoréxica, había dejado de comer para que yo me fijase en ella.
En el hospital, ella estaba hermosa, cubierta por sabanas blancas y celestes, con una ropa cómoda que resaltaba su pureza, pues la libraba de las ataduras sucias de la moda. Me dirigí hacia sus ojos con una mirada enfurecida, como retándola por haber cometido semejante estupidez. Hablamos, pues teníamos miedo, ambos estábamos enfermos y no sabíamos que nos deparaba el futuro, pero estaba claro que nos amábamos y eso dejaba todo de lado, nuestro pasado era un chiste pues en él no estábamos juntos.
El único ser humano que mi amada quería tener cerca era yo, prueba de que el amor es el instinto más poderoso que se puede engendrar en una persona. Yo sabía que ahora que todo el mundo conocía mi enfermedad mi perdón estaba asegurado, además, las incesantes advertencias sobre mi persona que le había dedicado a mi eterno amor me excusaban de cualquier tipo de recriminación."

A sangre fría
Era invierno. Yo había cesado recientemente mi internación y todos pensaban que era una lunática.
La noche en que lo asesiné, hacía mucho, demasiado frío. 
Al llegar a, me encontró calentando mis huesos helados. Aferrada a la estufa, no me estimaba apta para despegarme de ella. Me entretuve manteniendo una banal conversación con una vieja conocida. El diálogo me resultó agradable, yo poseía tantas novedades. Por alguna coincidencia del destino, decidimos subir a la habitación de arriba para continuar la tertulia. Y allí fue donde lo hallé nuevamente. Solo, encerrado, tal vez preguntándose qué era de sí mismo. Mi acompañante nos miró aleatoriamente, y tras lanzarnos una sonrisa (mezcla de picardía, ternura, y lástima) abandonó el lugar.
Me tomó con ambas manos. Manos largas y de dedos esqueléticos, tal y como las recordaba. Manos fuertes, delicadas y finas. El pianista besó las cicatrices de mi piel. "Aún sos hermosa" dijo. 
Se apropió de mis cabellos y mi cintura, recorriéndolos y apreciándolos con serenidad y sosiego. Nos conectábamos de nuevo, me desterraba a la tierra que no existe, al cosmos donde solía flotar en aquel verano. Sólo que ahora éramos dos los que levitábamos en el espacio.
Lo asesiné. Destruí la única fracción de su naturaleza que nos distanciaba. Me enfrenté a puño con la parte malévola de ese transtornado bipolar, y la vencí. Yo, la nena débil de antes, había terminado con lo que ni sus preocupados psiquiatras, ni su consternada familia, ni siquiera sus amigos (sólo los más observadores) quisieron dar final.
__No sos la misma. Hay algo en vos... sos más fuerte__Hizo una pausa, se paró y me abandonó por unos minutos diciendo__Voy a bajar por algo. Ya vengo.
Sola en el cuarto y por puro aburrimiento, me aproximé a la biblioteca. Estaba tan tranquila. Tomé un libro. Era Galeano. Lo abrí y leí una hoja situada en la mitad, que contenía tan sólo un párrafo.

La pequeña muerte
No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje, a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos y quejidos, voces de dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien nada tiene de raro, porque nacer es una alegría que duele. 
Pequeña muerte, llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza. Pequeña muerte, la llaman; pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace.


Él volvió a la habitación más tarde, con cierto aroma a cerveza.
__¿Eso fue planeado? __Preguntó asombrado, unos minutos más tarde, cuando se lo leía.
Mi risa resonó por toda la casa. No, claro que no.