viernes, 8 de julio de 2011

Defectuosa

Y sí, tengo que admitirlo, las ortodoncias no pudieron hacer milagros conmigo y dejaron más de dos centímetros de espacio entre dos de mis dientes de abajo. Mis puntas pasan la mayor parte del año florecidas (especialmente en invierno), tengo pómulos más grandes de lo normal. Camino arrastrando los pies, soy muy torpe y me suelo tropezar con todo. No conseguí aún hacer que mis dedos suenen, pero no obstante, mi talento radica en que mis muñecas hacen un crac más fuerte del que te puedas imaginar. Cuando exhibo este dote en público, la gente suele irse asustada gritándome que soy una deforme.
Me llego a creer tanto mis sueños, que a veces me despierto llorando. Por la noche, a veces hablo dormida en un idioma "raro" que más de una vez le provocó un susto a mi mamá, cuando inocentemente va a buscar algo a mi pieza. Creo que la mujer y el hombre más lindos del mundo son Brooke Shields y Brad Renfro, aunque no me les parezca en lo más mínimo. No importa que estación del año sea, parece que hay algo que no está bien con la refrigeración de mi cuerpo porque siempre estoy fría. Con el paso del invierno, mis manos se tornan amarillas, retornando poco a poco su color cuando llega el verano. No suelo transpirar porque no hago ningún deporte. No es que no me gusten, es que nunca he sido muy habilidosa con ellos. De pequeña miraba todo el día Mtv, de ahí mi afición y mi sueño frustrado de ser cantante. Mi memoria arranca desde los dos años, y recuerdo cada pequeño detalle de todo mi entorno.
Cargo con una horrible fobia al fuego, que no me permite tocar el horno, prender fósforos o incluso tirar pirotecnia durante las fiestas; llámenme aburrida sí así lo desean, es algo que a mí tampoco me agrada particularmente y con lo que tengo que luchar día a día.
Nunca lloré ante una muerte. Puede sonar loco, inhumano, pero la muerte no evoca ese sentimiento en mí y no me autoinduciré a llorar jamás. Me pongo dura como una roca y eso me preocupa. En los funerales, sólo pienso en el hermoso lugar que se supone que debería estar el difunto, y punto. La nostalgia vendrá después, cuando extrañe su presencia. Muchas veces me han reprimido por esta conducta llamándola una falta de respeto hacia el muerto. Siempre digo (un término más apropiado sería pienso) que si desprendo algunas lágrimas son por bronca, no por tristeza. Es la forma que tengo de exteriorizar algo que me produce odio o rabia, cuando ya no soporto. Esa es la explicación más lógica que he encontrado para esta curiosa deficiencia física que poseo.
Tengo tan poca presición pintándome las uñas que siempre hago un desastre con el esmalte. Me arranco la piel de los labios y si me pongo manteca de cacao, relamo mis comisuras al instante sin siquiera darme cuenta. Sólo uso la lógica el 3% del día: es por esto que tengo tendencia a ser inútil o inservible (la gente se toma el trabajo de repetírmelo todos los días de mi vida). Tengo incluso muchas canciones en mi Ares de las cuales desconozco sus intérpretes; siempre las descargo de tropeles y eso hace que mi máquina vaya lenta. No frunzo el ceño porque alguna vez escuché que trae arrugas prematuras; hay una parte adentro mío que nadie conoce, oculta, oscurísima. No la presumo ni la enseño públicamente. Es aquella parte de mi ser que se siente sola, que quiere gritar, que se siente terriblemente melancólica y ahogada en mentiras, confusiones e incertidumbres. Tal vez sea, la que se refleja en lo que escribo, la que se refleja en este blog. Un pedazo mío que me excluye y al resto no suele agradar.

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