viernes, 21 de octubre de 2011

Nunca conoceré a Sombra

Sombra era, de muchas formas, una chica distante a mi entorno. Ella siempre estuvo ahí, en la parte posterior de nuestra sala de curso y por una curiosa razón, algún decir del destino, jamás intenté ningún acrecamiento amistoso con ella. No compratíamos siquiera el más mínimo roze, como podría ser una galletita en el recreo, un abrazo, un chiste. Esas pequeñas formas de mostrar afecto, era algo que jamás nos dimos el lujo mutuo de tener.
Sombra solía sentarse lejos, con bastante desconfianza. Era una persona muy particular y excéntrica, igual de rara que yo. Por aquel entonces, mi persona se encontraba sumida en un grupo V.I.P, cerrado y superficial. No tuvimos la oportunidad de conocernos hasta fines del año pasado.
Sombra llora en silencio, y cuando nadie la ve. No suele dar abrazos, dice guardarlos para ocasiones especiales a fin de no generalizar el gesto. Ella es un tanto retraída, y tiene una voz suprema, especial, casi un don. No es que sea Luciano Pavarotti, pero su tono vocal penetra, sucumbe en el ser de cada uno, llega a lo profundo del alma. Y pega. Pega mucho. Una cosa que me gusta mucho, es cuando canta con su hermana. Parecería como si ambas se unieran en un coro celestial y sus cantos quedaran flotando en el éter de la habitación. Se reconectan. Vuelven a ser lo que eran en el útero materno. Fascinante.
A lo que quiero llegar con esto, es que la dura verdad está servida. Jamás llegamos a conocer del todo a las demás personas. El ser humano es una estructura tan compleja tanto en su conformación psíquica como mental, que lo más probable es que ni siquiera ellos mismo se conozcan profundamente. Todos tenemos un jardín secreto. Todos nos damos el lujo y la desorbitante exclusividad de guardarnos un pedacito de la historia sólo para nosotros. Todos alguna vez dimos vuelta la cara rozando la hipocresía, omitiendo detalles de nuestro pasado que no nos agradan. Nunca nos vamos a concoer del todo, y eso es precisamente lo que hace que las relaciones y la interacción hombre con hombre sea tan interesante. Siempre hay algo por saber, algo nuevo por descubrir, otro dato más por sacar a la luz. Siempre podemos rescatar algo novedoso de una conversación o encuentro.
Venimos ciegos a este mundo, sin saber a dónde vamos ni de dónde venimos. La cultura positivista que han tratado de fomentarnos durante los últimos siglos, nos signa un camino que indica que debemos ser felices, pero ¿Existe la felicidad en sí? ¿Qué es la felicidad cuando el tiempo y el espacio forman parte de la nada?
Aún sigo viéndome con Sombra. Y por momentos creo, que es mi única verdadera compañía, además de mí misma-
Dime, dime ¿Qué te hace sentir que eres tan fuerte?
Puedo ver en tus ojos que eres tan segura.
Porfavor, no me digas que soy la única vulnerable ¡Imposible!

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