domingo, 4 de septiembre de 2011

Extrañas visitas


El rabillo del ojo a veces me muestra cosas que a vista directa no soy capaz de identificar. Visitantes diurnos y nocturnos, seres extraños e inusuales, almas en pena que por alguna razón vuelven a este mundo. Yo solía adoptar una postura neutra. Siempre me mantuve un tanto escéptica ante este tema. Pero uno no cree en sucesos paranormales hasta que los vive. Es sólo la experiencia, el contacto vivo y activo el que nos marca. Y deja una huella que nunca se puede borrar. Es que a veces mi mirada devela más de lo perceptible y desafía a la lógica. Me desafía a mí misma también. Devela ante mí personas vestidas con ropas oscuras que me miran fijamente. Yo lo tomo como un show, analizo lo que me propone. Me calmo y tomo asiento con toda la tranquilidad posible, tratando de dilucidar de qué se trata esto. Alucinación, no creo. Paranoia, menos. No creo estar loca. Tampoco al punto de imaginarme cosas que no existen. Siempre he tenido una imaginación extremadamente activa, pero también puede diferenciar claramente la realidad de la fantasía. Tengo experiencia con mi mente y puedo afirmar que la domino; la línea de la ficción y la vida real está bien trazada y estoy segura de no poder confundirlas.
De aquí viene lo disparatado de la cuestión: ¿Quiénes son estas sombras espectrales que quieren entablar conmigo? ¿Qué rayos tengo yo de interesante? Me gustaría poder encontrar al menos una buena razón por la cual me persiguen, pues no les puedo ser útil en lo más mínimo.

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