jueves, 4 de agosto de 2011


Me niego a vos y a tus putos prejuicios. Me niego a tu falta de compasión. Me niego a tu mente más cerrada que una piedra, a tus pensamientos de cientoveinte años atrás, a tus locuras, manías y fobias a las que me sometés. Me niego a tu manera de ver y analizar las situaciones que me acontecen, me niego a permanecer en tu diyuntiva de qué hacer con mi vida, a eso que llamás "educación". Me niego a que me degrades y te creas más por tener conceptos distintos, a tu intolerancia, a tu desconfianza y falta de entendimiento. Me niego a tu imitación burlesca de mis sueños, expectativas, cosas que no he podido hacer aún. Digo "no" a tu ignorancia, tu ego, tu amor por vos mismo o tu estupidez llevados al extremo. Me niego a que te creas ser feliz cuando te falta tanto, a tus críticas tan superficiales sobre mí, que al final de la película, dejan al descubierto la clase de persona con la que estamos tratando. Me niego a que me repriman todo el tiempo, me imposibiliten ser quien quiero ser o actuar como en verdad me gustaría comportarne. Me niego a formar parte de tu círculo vicioso del esterotipismo y las modas, a creerme las porquerías que inútilmente tratás de inculcarme. Me niego a que me digas loca, te rías de mis errores, a que cometas los tuyes y te justifiques con el típico versito de que "nadie es perfecto". Me niego a que tomes como tu última salida imponerme tus caprichos. Me niego a que me digas que me digas "negativa", a que me juzgues o me pongas tus etiquetas. Me niego a ser tu ratita de laboratorio, tu premio consuelo, a que analices todo lo que sale de mi boca. Me niego a que te quieras comer mi mundo, a que me quieras aplastar como una hormiga, a los que quieran derrumbarme o me tengan envidia. Me niego a que trates de imitarme, a que me excluyas, me patees, me heches a un lado. Me niego a que desacredites todas mis observaciones, a que no toleres mis críticas, a tu testarudez. Me niego a lo que vos conciderás "correcto", a tus malditas religiones, leyes, y abstenciones.
Hay ocasiones en las cuales me gustaría callarle la boca a unos cuantos.

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