martes, 3 de abril de 2012

Cadenas al cielo



La frustración tiñió aquella fría noche de un color ocre. La velada que se desarrollaba estáticamente nula modificó su usual recorrido.
Abro la puerta, dando comienzo a una nueva situación. Me despojo rápidamente de mis ropas, mi bolso, todo aquello que represente una carga significativa en mi endeble unidad corporal. Mis agotados músculos yacen entonces sobre el trillado colchón barato de mi habtiación. Suave y calma superficie en la que he alivianado mi consciencia, elaborado sueños, diseñado fatasías . Mi colchón. Fiel objeto de ornamentación rústica. Mi mejor testigo y confidente sobre el que desesperados llantos de impotencia deposité en despiadadas y largas lunas de invierno. Si alguna vez sucumbe en ustedes el oscuro arrebato de conocer alguno de mis más íntimos cometidos, recurran a su magullado telar. En esos viejos hilos que carecen ya de un color visible a la luz, se redacta un satírico epílogo de mi desquiciado historial.
Pero esa noche no había argumentos ni ganas de apresurarme, menos entonces intenciones de dialogar con mi lecho nocturno.

En la ventana subyaciente a la cómoda, un nuevo ocaso resurgía de las cenizas del inexistente anochecer. Pocos rayos solares en medio de la poco sensible penumbra. Mi conciencia se dispone a confesarle lo sucedido y jura hacértelo saber. Preguntas sin respuestas asaltan de dudas mi pensar, y mi coagulado, amarillento, cadavérico pecho sin ánimos de sangrar ya.
¿Sabrías entonces que no hay amanecer en el que no despierte con tus ojos en mi mente, tus labios sobre mi espalda? ¿Sabrías el peso con el que han de cargar mis pies cada mañana, expulsando su agotamiento sin un solo rastro de dolor, las llagas que brotaron de mis entrañas pidiendo a gritos tu regreso? ¿Sabrías acaso, cuantas débiles lágrimas he derramado en tu nombre, cuanto amor y cariño transmití a tus pupilas aquellas interminables ratos en tu compañía? ¿Te diría ella cuanto te deseé en mis prolongados y monótonos días, ingenua aprendiz de la sabia y paciente melancolía, retazos de abrazos consumados en la tediosa rutina? ¿Serías entonces consciente del enorme placer que conforma el pensarte con vida, soñarte a mi lado, valerme de borrosos recuerdos para subsistir en medio de mi deplorable entorno? ¿Sabrías todo lo que he dejado por tenerte, personas que desafié, momentos que desperdicié, pasados que abandoné...? ¿Podrías entonces, divisar las cicatrices, raspones que me han provocado los escombros en los que me abandonaste? ¿Sabrías lo peligroso de transitar por la senda usual del vivir en compañía de un corazón maltratado, un alma hecha pedazos, un sentir que agoniza cada vez que oye la sola mención de tu nombre?
"Si me preguntan, qué fue todo este tiempo para mí... un sueño del cual no quiero despertar. Una fantasía, algo irreal, sentirme vivo por primera vez."
Solté a mi penado espíritu, di rienda propia a mi libertad. Amputé de mi ser aquellas desvencijadas y añejas cadenas, esas que condicionan al hombre a mantener sus ojos abiertos, el corazón latiendo, su pulso al día. Juro pude prescenciar el milagro del existir, un espectáculo que te aseguro no imaginaste ni en tus más escalofriantes pesadillas.
Así fue como puse fin a la masacre terrenal de vivir.

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