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Polvo en el viento

Bien, hacía mucho que no redactaba textos de este tipo, tan explicativos, contemplativos, con semejante reconstrucción de los datos. Debo de...

jueves, 28 de junio de 2012

Dejenme hundirme en mi mierda

Asfixie
Trago saliva. Cierro los ojos y miro hacia el frente.
¿Por qué les encanta apuntar con el dedo? ¿Y es que nadie más se da cuenta? Les parece precioso dejarse vivir en una permanente dictadura, dirigida por un par de cerebros más hábiles. No son más que el contagio de algún maldito estereotipo, plagas que sus supervisores al mover el dedo índice les han enviado. Sus cuerpos se han dejado levitar, sus mentes mueren de sed, sus pies se deslizan sigilosamente al compás de sus asquerosas mandíbulas, que articulan una especie de gritos guturales en un frenesí de querer conseguir la tan ansiada libertad humana.
Pero, ¿Cómo cuestionar a la divinidad?
Cierra la boca, tapa tus oídos, camina de frente y escucha con atención.

Esto es así porque yo te lo digo y es imposible de cuestionar. Tu elección está en creer cada palabra o te van a condenar,
Hambrientos cuervos celestiales se encargarán de tu final.


miércoles, 20 de junio de 2012

Sín titulo I

Mientras transcurren las fracciones temporarias, me cuestiono. Encontrarle un placer a lo morboso. Deslizarse por los siniestros y pronunciados caminos de la agresión. El sadomasoquismo, qué delirante placer.

Es hallarle satisfacción al lastimar propio. Es regocijarse en cada lamento, satisfacerse en el consumo lento y prolongado de la carne que no es ajena. Constituye el más precioso de los suplicios, una suerte de incomprendida contradicción a lo largo de los siglos, en la cual aquellas almas que la padecen enfocan todo su ímpetu en la flagelación propia.

Olviden la cordura, olviden el rencor. No hay tiempo para actuar convincentemente en la telaraña de delirios de los que no conseguimos hilvanar un pensamiento a otro.

Dios sabrá de los inminentes peligros de aquel hombre que no consigue controlar sus pensamientos, dejando que estos se escurran cual manada salvaje de inmensas praderas.

Intentar ocultar

O bien, el olvido...

sábado, 16 de junio de 2012

Sangre

Gemidos espectrales provenientes de algún rincón oscuro de esta podrida ciudad venían hacia mí.
La noche del 15 de junio era una arpía.
Tomé el picaporte entre mis manos, y ejerciendo la presión justa, lo accioné. Una despiada brisa nocturna me recibió con su abrazadora fuerza, torciendo mis tobillos y dificultando gravemente mi caminar. Apreté los puños y entrecerrando los ojos a causa del viento, tomé la notoria determinación de cruzar el helado pavimento. Los árboles se mecían, hojas secas flotaban, alguno que otro sonoro estruendo disipaba mis dudas sobre un tal vez inexistente accidente automovilístco. La fragilidad del ambiente me producía asco y me impulsaba a apresurar mis pasos. Pero por más que deseara adelantarlo todo, la secuencia se desarrollaba paulatinamente más despacio y el torturante suplicio de no parecer avanzar me apoderaba. El saber que un reconfortante abrazo me esperaba en la cuadra siguiente me daba fuerzas para continuar, pero aún así, no bastaba para saciar mis frenéticos impulsos de escapar. Y justo cuando creí que la secuencia era ya insostenible, mis ojos lo encontraron. Entonces me desconcerté. En esa fracción de segundo, juro haber sabido que algo no funcionaba bien. Intenté ocultarlo y convencerme de que aquello no eran más que impresiones mías.
Me agaché a su lado, lo sostuve. Acogí a sus fríos deseos de querer, respiré de la tóxica frustración de un amor no correspondido, uní esas magulladas y sangrantes extremidades a las mías, consciente de que los atemorizantes deterioros físicos eran sólo una mínima parte de los estragos que se desataban en su interior. Y mientras oía sus suaves gemidos en mi oído, deseaba tener tantas respuestas a sus interrogantes como a los míos. ¿Por qué?
¿Por qué los sentimientos bellos son tan efímeros? ¿Cuál es la causa de que duren tan poco? ¿Cómo un ser humano podía quebrarse de aquella forma?¿Por qué quien había sido por tanto tiempo mi sostén se desplomaba allí, en esa patética y mugrienta vereda, en la que estoy segura, tantos recuerdos de un amor debían de habitar?
No sentía pudor al mostrarse en su faceta más íntima, despojado de todo prejuicio, tan desnudo o más aún quizás que en aquellas tibias tardes de otoño que nos dábamos el lujo de compartir. El dolor lo resquebrajaba en mil pedazos, que en su desgracia, no conseguían siquiera desperdigarse lejos para convertirse en polvo.
Me aferré lo más fuerte que pude a su brazo. Ahora eran dos las figuras que, desconcertadas y perdidas en medio de la niebla, no dejaban de temblar. El mundo había pasado a convertirse en un lugar horrendo e inhóspito. La acera nos deboraba y en su frenesí por destruirnos, parecía intetar clavarnos sus garras.
Y en ese último cigarro que encenció, lo vi claramente.
La raída llovizna, el constante pabullar de las bocinas, las confusas luces que entorpecían nuestro derrotero y nos mareaban. Todos formaban parte de un estado que me creo capaz de resumir en una simple oración.
El sentir un alma escurrirse entre mis manos.

martes, 5 de junio de 2012

Lo patético de esperar.

Pobre de aquel que espera
Pobre de aquel que con la frente en alto, vive a la expectativa de algo, pendiente de una realidad que bien sabe dista de la suya. Que flotando a la deriva de su pesar, no consigue despojarse de la pesada densidad de sus actos pasados.

domingo, 22 de abril de 2012

Fantasmas de un ayer

¿Dónde quedó aquella Sol imaginaria de épocas remotas? Tiempos dorados, dulce e insensato imaginar de mi estúpida persona. Si planifiqué tan a temprana edad un bosquejo general de mi próximo futuro fue culpa del evolucionado pensar con el que transito. Es tan sencillo saber cómo reaccionar ante diversas situaciones... lo que realmente cuesta es llevarlo a cabo en el vivir real y cotidiano-
Verán, cuanto más segundos transcurren del presente, más caigo en la cuenta de que siquiera podemos darnos el lujo de ser conscientes de ello. Eso es lo que me llena de culpa. Cuando vuelva a abrir los ojos, me encontraré bajo tierra y en un cajón de diez centímetros de ancho, con apenas un prudente espacio para mover mis ya muertos pies. La vida sigue su recorrido y no logro ser parte de ella. Me convierto poco a poco casi en un objeto fijo e inamovible de la naturaleza humana, encadenado sin pudor a la superficie.
Érase una vez una infante atascada en el interior corporal de una temprana adulta. En medio de una espesa lluvia, se balanceaba inquieta, tratando inútilmente de encajar en su voluble entorno. Una sólida estructura de hierro se montaba ante sus ojos. Era, simplemente una montaña rusa de considerable tamaño lo que perturbaba su estabilidad emocional.
Se fue. El viento me despojó de tu oscuro mirar, casi tan gris y profundo como el mío, acompañado como no podía ser de otra forma, por ese tenor tan desafiante que nos caracteriza. Maldito rasgo común en ambos con el que jamás fuimos lo suficientemente razonables como para lidiar.
El lujurioso desgarrar de tu partida provocaba estragos en mi entorno, que en su compulsiva tiranía, se desmoronaba sobre mí. Yo, que me había construido un castillito de princesas. Yo, que habitaba en mi patético y maravilloso mundo de mentiras, ¿Por qué jamás quisiste ser una de ellas? Supongo que la cruda realidad te alimenta mejor que mis maléficas maneras de endulzar oídos.
"Ahora te tenés que poner bien" Me susurró la doctora luego de besarme la frente. "Tenés que alejarte de esos pensamientos. Porque eso es lo que son, fantasmas."
Creo que es un buen momento para presentar ante los jueces mis monedas, y montar la montaña rusa una vez más.

martes, 3 de abril de 2012

Cadenas al cielo



La frustración tiñió aquella fría noche de un color ocre. La velada que se desarrollaba estáticamente nula modificó su usual recorrido.
Abro la puerta, dando comienzo a una nueva situación. Me despojo rápidamente de mis ropas, mi bolso, todo aquello que represente una carga significativa en mi endeble unidad corporal. Mis agotados músculos yacen entonces sobre el trillado colchón barato de mi habtiación. Suave y calma superficie en la que he alivianado mi consciencia, elaborado sueños, diseñado fatasías . Mi colchón. Fiel objeto de ornamentación rústica. Mi mejor testigo y confidente sobre el que desesperados llantos de impotencia deposité en despiadadas y largas lunas de invierno. Si alguna vez sucumbe en ustedes el oscuro arrebato de conocer alguno de mis más íntimos cometidos, recurran a su magullado telar. En esos viejos hilos que carecen ya de un color visible a la luz, se redacta un satírico epílogo de mi desquiciado historial.
Pero esa noche no había argumentos ni ganas de apresurarme, menos entonces intenciones de dialogar con mi lecho nocturno.

En la ventana subyaciente a la cómoda, un nuevo ocaso resurgía de las cenizas del inexistente anochecer. Pocos rayos solares en medio de la poco sensible penumbra. Mi conciencia se dispone a confesarle lo sucedido y jura hacértelo saber. Preguntas sin respuestas asaltan de dudas mi pensar, y mi coagulado, amarillento, cadavérico pecho sin ánimos de sangrar ya.
¿Sabrías entonces que no hay amanecer en el que no despierte con tus ojos en mi mente, tus labios sobre mi espalda? ¿Sabrías el peso con el que han de cargar mis pies cada mañana, expulsando su agotamiento sin un solo rastro de dolor, las llagas que brotaron de mis entrañas pidiendo a gritos tu regreso? ¿Sabrías acaso, cuantas débiles lágrimas he derramado en tu nombre, cuanto amor y cariño transmití a tus pupilas aquellas interminables ratos en tu compañía? ¿Te diría ella cuanto te deseé en mis prolongados y monótonos días, ingenua aprendiz de la sabia y paciente melancolía, retazos de abrazos consumados en la tediosa rutina? ¿Serías entonces consciente del enorme placer que conforma el pensarte con vida, soñarte a mi lado, valerme de borrosos recuerdos para subsistir en medio de mi deplorable entorno? ¿Sabrías todo lo que he dejado por tenerte, personas que desafié, momentos que desperdicié, pasados que abandoné...? ¿Podrías entonces, divisar las cicatrices, raspones que me han provocado los escombros en los que me abandonaste? ¿Sabrías lo peligroso de transitar por la senda usual del vivir en compañía de un corazón maltratado, un alma hecha pedazos, un sentir que agoniza cada vez que oye la sola mención de tu nombre?
"Si me preguntan, qué fue todo este tiempo para mí... un sueño del cual no quiero despertar. Una fantasía, algo irreal, sentirme vivo por primera vez."
Solté a mi penado espíritu, di rienda propia a mi libertad. Amputé de mi ser aquellas desvencijadas y añejas cadenas, esas que condicionan al hombre a mantener sus ojos abiertos, el corazón latiendo, su pulso al día. Juro pude prescenciar el milagro del existir, un espectáculo que te aseguro no imaginaste ni en tus más escalofriantes pesadillas.
Así fue como puse fin a la masacre terrenal de vivir.

viernes, 30 de marzo de 2012

Momentos Antes de Morir-

Una típica conversación era la que manteníamos. Forzados a encajar en los códigos que nos arraigaba nuestra patética sociedad, charlábamos vanamente, ocultando entre las sombras lo frágil del delicado ambiente. Alcohol, aire frío chocando contra el calor. Suave piso en el que mis extremidades descansaban, tus cavidades intraoculares fulminándome. La timidez de un amor adolescente, la incomodidad de saber que me observabas, la fortaleza de encontrarnos totalmente en soledad. Extendiste tu suave mano, y al brindarte la mía conectamos una vez más. Contemplé mi hogar en tu suave palma, inundada de roja sangre comprimida dentro de tus santos coágulos. Mi necesidad primaria era mantenernos a salvo, conservar la preciosidad y la pureza de rozar tu piel.
"Si sos feliz, yo también lo seré" Repliqué ingenuamente.
Tu mal genio se interpuso entre nuestro ser colectivo, rompiendo toda la magia de tenerte. Tiró efusivamente del cable que te conecta a tierra, y consiguió extriparte el alma a carne viva. Él era el que te dictaba al oído que cometerías un grave error, inundándote de miedos y dudas. Él te obliga a mantener absurdos amarres de prudencia aún cuando no debes. Él impedirá tu esperada entrega y encenderá una agobiante desilución en mí.
"Lo nuestro terminará acá."
Cuatro palabras, una oración que repiqueteaba en los confines de mi mente. Mis pupilas se dilataron, las glándulas lagrimales exigían más y más participación. Y mi inocente mundo se desplomaba conmigo consciente de una brutal verdad una vez más. Lejos de detener mi pausado asesinato, me hallaba petrificada. A continuación, mis pisadas retumbaban, un gélido sonido era desprendido cada vez que mis pies chocaban contra la fría madera de la escalera modular. Mis mirada me traicionó y me guió hacia donde te encontrabas actuando normalmente. Perdido en la escasa muchedumbre de personas, sumándote a la multitud. Te perdía en medio de figuras ajenas, voces pertenecientes a siluetas desconocidas, fantasmas de personas que podría haber llegado a conocer y ahora amenazaban amordazarme con sus garras y espinas. El infierno terrenal no me permitía mantener la calma. Asfixiada. Prisionera una vez más, atrapada entre los barrotes de la celda que me asignó tu negación rotunda.
Transcurridas ya unas horas de la tortura de serte indiferente, pensé en ponerle un punto final al precio que debía pagar para tenerte. Me armé de valor como nunca antes en mi existencia. Cerré mis puños. Mis pies se movían solos. Ciega de rabia, te grité las cosas más hermosas que jamás hubiera imaginado. Botando mi diginidad al basurero, supliqué que no te fueras. Balbuceé un "te quiero" que para mi sorpresa, fue bien recibido por tus labios.
Lejos de manipularte, temía que malinterpretaras mi mensaje. Me explayé como nunca lo había hecho hasta entonces. Supongo que en estas situaciones en las que la capacidad íntegra de cada ser humano es llevada al límite, solemos enfocarnos un cien por ciento en cumplir nuestro objetivo, en mi caso llegar a lo más profundo de tu ser. Provoqué con mis sentidas palabras un estado de inconciencia en tu mente, te jugué una mala pasada, logré que te replantearas los motivos que tuviste al partir. Fueron mis sentimientos más puros los que te enlazaron y te obligaron a quedarte. Mi aspecto deplorable, nuestro poco cuidado físico a aquellas alturas, pequeñas cosas a un lado. Prometí cuidarte y el recado sigue en pie, impulsado por mi firme sentir y la convicción de mis intenciones. Mis temblorosos pulgares acariciaban tu afiebrado rostro, tan cansado como el mío.
Pasados unos minutos, horas, quizás segundos, era momento de comenzar nuestro retorno al planeta tierra. Una súbita medicina, la mejor droga a la que me he visto potencialmente adicta, el más suave elixir que me alimentó y me otorga hoy fervientes deseos de conseguirla nuevamente.
Te recostaste y te rodeé con mis brazos. ¿Un beso? Era increíble lo poco que podría significar un simple roze de labios evaluando la infinita gama de sensaciones que acababa de vivir. Vi entonces proyectarse mi vida entera; alegrías pasadas, sueños frustrados, orgullo y pasiones contenidas. Una parte de la persona que estaba sentada mirándote se desprendió de mí. Completaba mi primer redacción en el jardín de infantes. Acto seguido, la estridente risa de mi primo jugando con chascos navideños. El tiempo se escurría entre mis manos, y divisaba entonces a mi estereotipo de la lujuria molestando una vez más. Una pequeña y tímida niña se asomaba del regazo de su madre al comenzar su primer día de clases en un nuevo colegio. La escena se modificaba nuevamente, podía divisar una herida adolescente llorando a causa de indebidos impulsos que se tomaban contra ella. Caí en la cuenta de que e lo que restaba de mi incierta vida nunca experimenté, ni volvería a experimentar algo semejante sin tu compañía. Y si no volvía a tener el privilegio de brindarte mi amor, se me haría imposible de todos modos borrar de mi memoria una viviencia de aquella intensidad.
Y no se asusten, mis queridos y silenciosos lectores, si no alcanzan a comprender el jeroglífico que mis retorcidas palabras esconden y se mueren por contarles a gritos. Sobre los acontecimientos sucedidos aquella inestable velada, he confesado únicamente lo preciso. Él lo sabe, yo también. Eso es más que suficiente para una triste mortal atada a tantas cargas emocionales, que experimentó por segundos, la magnífica sensación de tocar el cielo con los ojos.

sábado, 10 de marzo de 2012

Metamorfosis adolescente

Rumbo a las cornizas, dejando que mis delicados y casi descalzos pies se deslizen sobre los cielos. Aquellos lugares de intensa profundida donde su nombre aún suena y en el que según lo que comentan, le vendió su alma al oscuro.
El demonio a la vuelta de la esquina, dos manzanas más. Derechas y firmes, el oír de sus denigrantes pisadas me adentraban cada vez más al infierno. Los viles encantos me despojaban, pretendían entonces desterrarme a ese bizarro universo en el cual estoy segura figuraban aquellas lujuriosas intenciones. Sometida a sus caprichos, aguardé dichosa la llegada. Con los brazos abiertos, la idea de que el demonio arribara no logró perturbarme. Más tarde lo averigué, su fama de ser avejentado no le juega en contra... contuvo secretamente su cometido durante tan prologando tiempo...

sábado, 3 de marzo de 2012

El mesías, la mejor mentira jamás contada.


En el medio de esa poco discreta vereda, asqueroso espacio público. Dos figuras bajo los tétricos y precarios reflectores humanos, prueba fija y fácilmente palpable de que el amor existe aún apesar de el inminente avanze de la modernidad. Tu suave y hechizante aliento, bendita respiración que recorría lentamente cada célula epitelial de mi cuello. Mi pensar se nublaba súbitamente, ocupabas mi capacidad de reacción. Me obnubilaste con viles cortesías físicas, me convertiste nuevamente presa de tus mentiras, ingenua e incondicial esclava a nuestras pasiones.
Tus extremidades acariciaban mi torso con ternura y delicadeza, pausadamente y sin apuro. Manos. Dos cálidas, casi maternales extensiones corporales y sus destrezas al rozarme bastaron para quebrantar mi ser. Sometida a tus caprichos, resginándome a conformar la parte más vulnerable de la relación, depositando mi templanza en tus manos.
La seguridad de que mi obscuro pasado no se daría a conocer durante las horas que pasara a tu lado, me mantenían más serena y conforme que nunca. Ni un signo de miedo, ni un presagio de angustia o dolor se cruzaba por mi pensar al contar con tu entrega. Confié ciegamente, anulé mis sentidos una vez más y descarté la vana posibilidad de que todos mis mecanismos de defensa en el futuro respondieran por mí.
__Estás perfecta. __Esos ojos no mentían. Reconfortados en sus inocentes ansias de amar, no cesabas en reprimirlos. Destilaban frenéticos aullidos, impacientes por cumplir su cometido.
__¿Qué? __Incrédula, no contuve una descreída expresión.
__Vos. Toda.
Les daré a elegir, tenienedo en cuenta lo patética de mi situación, entre dos analíticamente factibles estados de supervivencia; ¿Es preferible manterse con vida en base a una perfecta mentira? ¿O acabar consumiéndose en medio de la despiadada y ardiente verdad?
Nuestra conexión fue superma, pero la credulidad es definitivamente cosa de tarados.

Más Adentrada a lo Miserable

Recogiendo los lánguidos y muertos restos de lo que alguna vez fui, formulo la siguiente incógnita, ¿Qué es lo que sucede cuando la persona a la que entregamos nuestra vida entera sólo nos desea a cambio de vulgares e indignos favores? ¿Qué es aquello que sucede, me pregunto, en el momento en que todo ese amor se desploma en un par de oraciones? Mi humillante silueta sólo medigaba asquerosamente un poco de barato amor.
En mi épica alucinación las estrellas bailaban al compás de una misteriosa melodía, el inquieto y travieso césped me jugaba una mala pasada, mis piernas no parecían desear continuar moviéndose. La ingesta de alcohol comenzaba a surgir efecto en mi organismo en una situación poco oportuna. Y allí mismo, con las enteras constelaciones que en tantas oportunidades había estudiado recobrando una funcionalidad de testigo, adoptando el rol accidental que tantas veces lograba quebrarte, amarré fuerzas de donde no las había e intenté no trabarme al decir...
Te amo.
Yo no.
Never opened myself this way, life is ours, we live it our way
Forever trust in who you are... and nothing else matters.

lunes, 6 de febrero de 2012

Dejame hacerte feliz.


Miedo.
Tus marrones y profundos ojos aromatizaban el frágil ambiente que nuestras almas se habían apoyado la una en la otra para construir. Recuerdo tu olor, tus gestos, tu apariencia: te observé por prolongadas fracciones de tiempo sólo para ser capaz de mantener aquel momento vivo en mí provisoriamente, pues bien sabía que más tarde precisaría volverlo a la vida. Debía de portar un justificativo para cuando mi cerebro me exigiera explicaciones acerca del dolor de mi lesionado sentir. La humedad que rodeaba tu cuerpo y las finas gotas de lluvia que nos rociaba el estado meteorológico apenas amenazaban con mojarnos, y a su vez provocaban en mí un fuerte anhelo de permancer en ese encantado espacio terrenal, a tu lado. Sin embargo, permanecí inmóvil. Reprimí mis incontenibles ganas de consolar tu evidente dolor mientras explicabas de la mejor manera que eso jamás pasaría. Debía de irme acostumbrando a reprimir mis impulsos internos. Pues ahora lo estaba oyendo de tu propia boca; vos, que habías sido el protagonista de tantos de mis sueños; vos, que tanto me escuchaste y me trataste como nadie hizo ni hará; vos, que con un simple roze producís en mí sensaciones que me bien sé me costará enterrar en mi cajón del pasado. Escribí con sangre en mi cerebro la frase; "Es hora de irse", pero te confesé que no sería lo suficientemente firme como para cumplirla al pie de la letra. El sentimiento continuará su crecimiento, mi alma me traicionará una vez más, el destino me jugará otra mala pasada.
Te llené de dolor, te llené con penas,
Sabiendo que era yo la única culpable
Por dejar tu corazón en la lluvia
Y sé bien que te vas a ir lejos
Y me dejarás con esta deuda por pagar

Pero antes de que te vayas me gustaría decir que
Lo siento
Por romper las promesas que no pude mantener
Escucha, este momento es el último en que te suplico que te quedes
Pero tu ya estás en tu propio camino.

"Dejame hacerte feliz" Dije. Dije y lo sofoqué. Rozé sus labios, y rozé todo lo existente. Abrazé su cuerpo, y con sólo hacerlo surqué el infinito. Oí cada una de las palabras que tenías para decirme, y mientras sucesivos escalofríos atravesaban mi espalda, juré atesorarlas tanto tiempo como la memoria me lo permitiera.
En cada silencio, en cada suspiro, en cada palabra, en cada punto y aparte. En cada uno de los párrafos, en cada oración, en él irónico título que corona la redacción. El texto sos vos. El texto vive en vos.
Te marchaste. Me abandonaste. Lentamente, fui cayendo hacia el suelo, tomando asiento de manera inconsciente. Me encontré a mí misma desnuda y rodeada de cosas que no comprendía. Amarré mi rostro con ambas manos y ahogué un fuerte sollozo. Mis pestañas se desvanecían cada salada gota, mi visión se nublaba con cada lamento. Enjugué mis lágrimas e intenté simular una inexistente normalidad poniéndome de pie. La gente del lugar me observaba con las cejas fruncidas, evidentemente, expresando una notoria y creciente señal de preocupación. Me sostuve de una columna, cerré mis ojos por un instante en el cual creí juntar las fuerzas necesarias para mantener el equilibrio en medio de mi caótica condición. Corrí, corrí lejos, muy lejos. Mis pies se movían solos y me guiaban a un lugar donde nada era existente. Luces, personas, ruidos, confusión. Los peatones me hablaban, percibí que pretendían dialogar en otro idioma. No entendía nada.
Seguí corriendo, miré hacia atrás y me di cuenta. Durante el camino que trazaría de ahora en más, toda la trayectoria que fuera forjando, las huellas de mis zapatos serían sólo un par. Y ahora que te siento más lejos que nunca, es la ley de atracción quien perturba mi existencia; el deseo de cuidarte me invade y sé que no hay salida ni vuelta atrás.
"Dejame hacerte feliz" Dije. Dije y lo sofoqué.

jueves, 2 de febrero de 2012

Nunca más


Tecleando con furia, presionando cada uno de los botones con un generativo rencor interior. Ninguna desilución, exceso de obstáculos; la vida se interpone constantemente en mi camino impidiéndome llegar a lo que de verdad quiero. Más que un deseo, una necesidad. Más que una necesidad, un sentimiento. Más que un sentimiento, una fuerte emoción que ya no me encuentro capaz de controlar.
Pero el destino no volverá a reír de mi debilidad jamás; me convertiré en la persona más fuerte del mundo si eso fuera suficiente para cumplir mi objetivo. Temblando de miedo pero con la frente en alto y mayor seguridad que jamás tuve, enfrentaré a aquellos que perturben esta oportunidad. No voy a dejarla ir, NO VOY A DEJARTE IR. Sucedió en una ocasión de mi triste pasado, pero sobre mi cadáver sucederá nuevamente. Lucharé de pie como se debe hacer, y yo te juro, LA HISTORIA NO SE VA A VOLVER A REPETIR. Más allá del orgullo, más allá del prejuicio, más allá de tu notoria frialdad; mis palabras penetrarán tu alma y (espero) abrigarán tu interior. Mi alma... con la que tantas veces haz hecho conexión, charlará contigo abiertamente y luego me comentarán a que conclución arribaron.

viernes, 6 de enero de 2012

Reunion con el diablo


No recuerdo el tenor de su mirar, sólo el contorno de maldad que liberaban aquellas esquisofrénicas carcajadas, reflejando su autosuficiencia y placer. En mi delicada inocencia sólo atiné a gemir y suplicar compasión, obteniendo como única respuesta una vil manipulación corpórea. Me lastimaba de una manera lenta y pausada, disfrutando cada lágrima y retazo de dolor que le era factible extraer de mí.
Se manifestó en sueños una noche cálida de verano, interrumpiendo mi feliz y prometedora inocencia. Su negro cuello y su prominente cabello son los únicos rasgos que mi memoria fue capas de conservar recelosamente. Me transifirió sus ansias de placer lujurioso y consiguió amancipadamente desterrarme de todo aquello que me hacía tan feliz. Abrió paso para que continuara con la autosatisfacción y modelara una de las etapas más oscuras de mi existir.
Mis vulnerables extremidades se arrollidaron ante su notoria maldad. No estaba satisfecho aún. Dijo que era débil y se esfumó, considerandose un presagio, un ser que anunciaba miserias en mi porvenir.
Si es que el diablo existe, afirmo haberlo contemplado. Estoy segura de que cumplirá su promesa en un futuro no muy lejano. Nos volveremos a encontrar, y esta vez, yo me reiré de él.

jueves, 5 de enero de 2012


Pareces tan seguro. Tu mirar irradia magnetismo y fortaleza, y cada vez que la enfocas en mí me siento nacer nuevamente. Permanecería en tus turbios y espesos orificios oculares, viviría allí el resto de mi vida, dormiría en tus pupilas hasta el momento en que los rayos del sol me anuncien el momento de esfumarme.
Tu voz, tan suave y apagada... oscura y áspera. Detona una fragilidad que te ingenias para ocultar, apartando tu faceta íntima del resto. Pero no la puedes esconder conmigo por la simple razón de que somos similares. Vislumbré tu interior, recorrí cada dársena de tu ser, sé muy bien de qué estás hecho.
El nerviosismo sucumbe y se apodera cada vez que me rozas, me miras, me tomas; no estoy hecha para esto. Me marcharé. Pues no quiero, no tengo intencion de dejar que me engañen nuevamente. No accederé ni me dejaré llevar por la pasión nunca más; prometí a mí misma no hace mucho odiar todo el romanticismo y a lo que conlleva. Honestamente, prefiero el odio que corre por mis venas y me hirve la sangre antes que el cosquilleo estomacal al que me conduce el enaromiento y la ilusión.
No te dirijiré más la palabra; mis ojos no volverán a enfocarse en tí; anularé todos los suspiros que broten de mi interior cuando tus inconfundibles y sigilozas pisadas indiquen que te acercas. Construiré una ancha barrera a modo de límite entre ambos, de forma que gane el tiempo necesario para imponerle un freno a esta locura.
Perdón, es evidentemente, una manera retorcida de decirte "te quiero".

sábado, 31 de diciembre de 2011

Psicodélicamente alucino


Revisando mi historial de experiencias pasadas, he descubierto prescenciar vivencias que superan incluso las situaciones más inusuales que pueda intentar volcar en mis obras.
Era mi primera vez palpando algo del mundo, adentrándome en el tabú de actividades ilícitas, prohibidas para mi corta edad. A mis trece años, observaba con respeto y temor las bebidas con graduación alcohólica, ya dispuestas a lo largo de la mesada. Pasadas las doce de aquel fin de año, y sin padres en casa, comenzamos a pasarnos los primeros tragos. Sosteniendo una botella en mi mano, me sentí peligrosa.
Eran demasiados los participantes de aquella reunión, demasiados como para guardarlos recelosamente en mi memoria. Sólo he retenido aquellos comensales claves en la historia que me he dispuesto a relatarles: mis dos primos, Javier, Tincho, Lucía, y una chica perturbada de la cual curiosamente no recuerdo su nombre. Ahora que lo pienso, no distingo qué clase de relación mantenían Javier y Tincho, pero estoy segura de que eran parientes. Ambos eran corpulentos y torpes, mayores que yo físicamente pero dudo que lo fueran respecto a su edad mental. Con sólo decirles que me recordaban mucho a Tweedledum y Tweedledee de Alicia en el país de las Maravillas, me reservo de demás descripciones. Les aseguro que no eran la clase de personas en las cuales depositarína algo de confianza. No fue casualidad que más tarde pensara que el estar en sus manos sería equivalente a estar muerta.
Lucía era la versión mejor lograda que he visto de la CreepGirl que siempre quise ser. CreepGirl es un seudónimo que ideé para mí misma. Describe mis instintos, mi filosofía, la forma en la que me veo y percibo. A pesar de que sólo lo he utilizado para una de mis cuentas en un sitio de arte y a manera de nombre-clave en un concurso literario, puedo afirmar sentirme orgullosa con mi creación. Retomando el tema, así era Lucía. Una joven gótica cubierta de maquillaje negro, que dibujaba una sonrisa desgarbada cada vez que intentaba mostrar algún gesto de cortesía. Sus manos eran pálidas al igual que el resto de su bien definido cuerpo.
La curiosa chica sin nombre no presentaba muchas diferencias con respecto a la anatomía de Lucía, sólo que cubría su cuerpo con largos harapos negros. Un negro y largo cabello grasoso coronaba el look, contrastando con sus oscuros y grandes ojos.
Pasadas unas rondas de tequila, todo se vuelve confuso. No recuerdo nada.
Flashes vienen y van. Mis manos sostienen involuntariamente más vasos con diferentes sustancias. Mi primo vomita. Lucía besa a un extraño chico.
Despierto. Me tomo del barandal más cercano y me encierro en una habitación elegida al azar. Puedo escuchar la música ahora, demasiado grande y ruidosa para el minúsculo baño de la vivienda. Siento que me voy a desmayar y lucho por evitarlo. La música se hace más y más estridente dentro de mi cabeza. “This is not my beautiful house! This is not my beautiful wife!”. La melodía ya no sólo está en el interior de mi cerebro. Son los Talking Heads, Once in a Lifetime, y están completamente sobre mí, vibrando contra mi espalda. Estoy tendida en el piso, parpadeando y tratando de estar conciente. La chica sin nombre me mira fijo y me rasguña. Me defiendo como puedo.
Es el fin. Estoy acabada. Estoy hiriendo al diablo. He vendido mi alma.
De pronto, la puerta del cuarto se abrió y una docena de personas que por lo visto me habrían estado buscando por todos lados entraron. ‘¿Estás bien?’ preguntó alguien, preocupado. Yo no podía hablar. Estaba asustada, estaba confundida, tenía que saltar, tenía que amputarme el brazo, tenía que hacer algo. Mi primo estaba con ellos, pero todo lo que él podía hacer era balbucear acerca de robar un bote salvavidas y escapar hacia el puerto.
Huí hacia otra habitación y encontré un cuarto bajo las escaleras que, por alguna razón, estaba provista de una almohada. Infestada por el olor a humedad y podredumbre, no me inquietaban las arañas. Me recosté sobre ella y disfruté la soledad. Podía oír a todo mundo afuera, particularmente a mi primo, quien continuaba sus divagaciones tratando de saltar al agua en busca de un bote salvavidas. Me preocupaba que se ahogara y que entonces tendría que hablar con sus padres. Esa era mi mayor preocupación: no me importaba quien muriera, por más vil que sonara. Tan sólo no quería lidiar con la policía y tener que afrontar a nuestros padres luego. Por supuesto que justifico este turbio pensar a mi falta de sobriedad y sentido común dado que obviamente, me encontraba alcoholizada por primera vez. Me desconocería completamente en el caso de que utilizara este malévolo criterio en estado normal y a plena luz del día, pues basta con afirmar que valoro más la vida de los demás que la propia mía.
Finalizada mi siesta, abandoné el minúsculo reducto en el cual descansaba. Me encontré con la casa limpia y una empleada del personal de limpieza haciendo su trabajo. Nadie en el living. Nadie en el comedor. Nadie convulsionando, ni agonizando como hubiera imaginado que aquella fiesta iba a terminar. Salí a la calle y confirmé mis dudas. Sólo mi primo y tal vez una cinco personas más dormían en el cordón. Antes de tomar la medida exhaustiva de obligarlo a entrar a la casa en ese instante, me senté a su lado. Estiró su mano y la tomé. En un esfuerzo por comunicarse conmigo, hizo ademán de decir algo, gimiendo y agitando efusivamente ambas manos.
La luz del alba me encandilaba. El sol destilaba sus primeros rayos contra nosotros.
Me paré y me fui, tan vacía como al principio de la noche.

miércoles, 28 de diciembre de 2011


Miles de conceptos y demasiadas mentiras
Analizé que me perdí en muchas miradas que no coincidían con la mía
Que el estar sola o desconectada serían mi muerte
Porque es dificil, simplemente estar lejos y al mismo tiempo presente
Me mataban las mentiras, cosas que suelen pasar
Y analizé que siempre mentí en el concepto de amar
Que nunca me enamoré en el fondo
Tal vez pensaba que era algo que se acabaría pronto
No confié, y simplemente terminé destrozando sueños y heridas
Jamas pense que tocaría fondo sin tu compañía.
Y hoy caigo en la cuenta de que en verdad te quiero, aún te extraño
Y si la vida me diera otra oportunidad
te recompensaría de la mejor manera.

sábado, 24 de diciembre de 2011

La muerte... corrompe el sentido del existir. Parece interrumpir el desarrollo del ciclo vital humano. ¿Qué mas puedo agregar a la frase, además de alegría?
Esos momentos donde los escritos hablan solos.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Vísperas de la muerte

Me obligaron a sonreír. Ataron mis comisuras con aguja e hilo a fin de formar el perfecto reflejo de una felicidad que no siento ni poseo. Tuve entonces que pintar una falsa sonrisa en mi rostro, colocarme una máscara en este preciso lugar. Es que hoy he comprobado que parece encontrarse terminantemente prohibido gesticular o exteriorizar malestar emocional, más en épocas tan felices para la sociedad como lo son estas.
Caminaba sigilosamente por la calle, dejando que todo mi peso corporal cayera sobre el pavimento. Mis pisadas quedaban impresas en la húmeda acera y mis bolsillos soportaban el espesor de mis frías manos. Tomé entonces un rol analítico, observando como en anteriores ocasiones, las actitudes que adoptaban los protagonistas y la tan elaborada escenografía de lo que parece una obra montada especialmente para este período del año. Una infinita gama de colores inunda la ciudad pregonando una dicha que bien sabemos es inexistente. Luces por doquier, decorados pensados para la impresión ajena, adornos especialmente confeccionados para la fecha. La gente parece querer llevarme por delante, llevando consigo un arsenal de bolsas de diversos comercios. Algunos transitan cabizbajos y con aires de preocupación, mientras que otros felices y orgullosos, parecen estar satisfechos de su compra.
Creo yo que estaría de más hacer hincapié en la notoria incomodidad que me produce caminar entre las masas; es probable que pertenezca a una raza diferente, pero he nombrado en reiteradas ocasiones el malestar que siento al mantener cualquier intento de sociabilizar o mantener contacto con los de mi especie. Por esto es que preferí ignorar o simular no ver a la innumerable cantidad de humanos que abarrotaban hoy las avenidas.
No me molesta en lo más mínimo ser esta especie de grinch adolescente a la cual las navidades no generan emoción alguna. Sinceramente no comprendo qué están celebrando. Somos unos estúpidos alegres que complacemos los deseos del enorme comercio de estos meses del año. Sólo pienso lo bien que la pasarán los que obtienen un bien real de esto, aquellos que adquieren provecho propio y dinero de toda esta situación de orgasmo colectivo. Creo que son los únicos que de verdad tienen los motivos suficientes para celebrar algo.
En lo que a mí respecta, no tengo nada que festejar. El fundamento por el cual asistiré a la reunión familiar es para no hundirme el resto de la noche en mi dolor. Detesto los días que van del 23 al 26 de cada mes. Noches de verano como estas, me recuerdan que tu cuerpo existe aún, oculto algunos metros bajo tierra. Echándose a perder y rebalsando de soledad. Una soledad que poseen sólo los que han dejado súbitamente de existir. La soledad de los muertos. Aún continúo con mi duelo y el luto me persigue donde quiera que vaya. Y continúo profanando tus fotos y videos en redes sociales, o sin ir más lejos, en esta página web.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Pequeños placeres


Una suave brisa de verano me hechiza y condecora mis sentidos. El perfume que desprende el colorido árbol de mi vereda penetra a través de la ventana hasta mi habitación. Esta singular planta, parece haber alcanzado su máximo esplendor durante este período del año, en el cual se da el placer de enseñarnos sus preciosas y extrvagantes flores. Parece disfrutar despertando envidia en el resto de las criaturas silvestres, demostrándoles lo agraciada que es capaz de ser. Admito que mi dormitorio no suele conformare mucho debido a su tan notoria seriedad que poco tiene que ver con mi estilo. Sin embargo, esa neutralidad se equilibria con la hermosa luna que me permite ver aquellas noches en las que cielo se encuentra libre de nubes.
La luna, qué hermoso cuerpo flotante. Tan hermoso que me desagrada llamarla un satélite, pues la palabra no la amerita lo suficiente. Es indescriptible la magia que gira en torno a su blanca superficie, sus profundos cráteres, la enigmática y misteriosa luz que irradia. La he estado observando a lo largo de toda mi vida y por más imbécil que pueda sonarles aún no me canso. Este cuerpo flotante me transmite tanto calor, armonía, paz... observar la luna es lo único que me tranquiliza en aquellos días donde todo parece caer a pedazos.
El requiem, la mayor obra musical de la humanidad. Arte supremo consagrado por un dotado ser humano como lo fue Mozart, del cual, muchos desconocen. Grandes compositores de su gama están siendo para mis lamentos, ignorados, reemplazados por melodías compradas y elaboradas por falsas productroas que sólo pretenden que los adolescentes consuman.
Escuchar Mozart, oler flores, observar la luna... sonrisas instantáneas, pequeños consuelos para los que continuamos con nuestro fracaso de vida.

martes, 29 de noviembre de 2011

Impulsos


Caminando, nos cruzamos. Te veo distante y nace en mí el deseo de confesarte todo. Tus pies transitan al compás de los míos y puedo oír cada vez más claramente tus pisadas.
¿Cuál de tus atributos será el que me lleva a sentirme tan atraída? Tu forma de ser no hace más que desenvocarme en súbitos impulsos de gritarte. Somos semejantes en cuanto a lo padecido, no más que dos almas torturadas e incomprendidas que se unen a fin de contenerse la una a la otra. Así que ven acá, enséñame tu vivir. Muéstrame tus penas y compratiré contigo las mías. Acércate un poco, quiero tenerte a mi lado, respirar el aire que exhalas, llenarme de tu escencia.... volar en el paraíso de ver tus oscuros y tan profundos ojos, caminar en las suaves praderas del rozar tu piel, dormir en tus sedosos y prudentes cabellos...
Pareces tener prisa, puedo sacarte de tus apuros. Pareces estar aburrido, puedo hacer que rías hasta llorar. Pareces estar serio, daría todo por robarte una sonrisa. Pareces monótono, podríamos escapar de la rutina. Por vos, que no haría por tenerte conmigo...
Quiero que me lo expliques todo cuantas veces se te antoje, quiero que calles la infinidad del silencio siendo fiel a tus crueles instintos, que bien sabés me destrozan. Tu suave tono de voz es el más dulce éxtasis para mis oídos. Deseo que tu dedo índice marque el norte; serás mi brújula y podrás escoger el camino. Tu elección será el elixir del que beberé y gracias al cual me mantendré viva. Toma mi mano, conecta nuestras almas. Llévame por los caminos más oscuros y los rincones repletos de luz de tu vida. Anhelo saber todo de tí, conocer todo lo que conoces, palpar todo lo que tocas, quedarme contigo hasta el final.
Nos vemos de frente, pero no atino a articular nada. Sigues de largo, y sonrío. Tal vez la próxima...