viernes, 30 de agosto de 2013

La depresión es una malsana tristeza, una manera tóxica e inenarrable, una forma de tormento, un trance de malestar supremos, un desvalido estupor, una vejación en forma de insomnio, una forma de repudio derivado del auto-aborrecimiento distintivo señero de la depresión, un lobrego y tenebroso talante del color del verdín, el cataclismo inmediato que conmueve a mi ser, esa voz de viejo… voz de la depresión, mi asedio, la espiral descendente, la inmensa y dolorida soledad, una tormenta de tinieblas, una gris llovizna de horror, la muerte que sopla sobre mí en frías ráfagas, la desolación, el horror; una niebla compacta y venenosa, el desvanecimiento de cualquier sentimiento de esperanza y toda idea de futuro, esa desesperación que apabulla el alma, una situación de herida ambulante que vive pegado a su lecho de clavos donde quiera que vaya. 
Styron, escritor que la sufrió en carne propia.

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